1. El Punto de Partida
Todo viaje comienza con una pregunta, un anhelo o un susurro que impulsa a dar el primer paso. En mi caso, ese primer paso fue incierto, cargado de dudas y vacío de certezas. Cien artículos atrás, la primera palabra escrita marcó el inicio de un recorrido que no imaginaba tan profundo, tan intenso, tan revelador. Aun cuando las respuestas no llegaban, el camino seguía desplegándose paso a paso, revelando que lo importante no era llegar a un destino, sino aprender a caminar y avanzar abriendo el sendero.
Y así lo expresa RALPH WALDO EMERSON: Lo que está detrás de nosotros y lo que está delante de nosotros son cosas insignificantes comparadas con lo que está dentro de nosotros. Porque al final, la voz interior es la brújula que guía cada paso en el sendero. Una voz que, en cada artículo, ha aprendido a volverse más clara, más certera, más auténtica.
2. Los Obstáculos y Aprendizajes
En cien artículos, he aprendido que cada obstáculo es un maestro disfrazado. Las pausas forzadas, las puertas cerradas, los días en los que las palabras no fluyen… cada uno fue un recordatorio de que escribir es también el arte de persistir, de seguir avanzando, aunque el eco sea un silencio que pesa. Que las caídas pueden convertirse en puntos de inflexión y que el silencio, lejos de ser vacío, es un terreno fértil donde se gestan los nuevos comienzos. Los grandes desafíos no son muros; son portales hacia lo inexplorado, dijo MARK NEPO.
Hubo días en los que la inspiración parecía un desierto. No encontraba las palabras, ni el tono, ni la voz. Pero fue en esos días cuando comprendí que el verdadero escritor no es aquel que escribe cuando las musas cantan, sino aquel que persiste cuando el eco es silencio.
En cada obstáculo, un aprendizaje; en cada caída, una semilla que se entierra en el polvo y brota con más fuerza. Porque, como dice OCTAVIO PAZ, cada vez que caes, recolectas un fragmento de lo que serás al levantarte. Y es ahí, en el polvo del trayecto, donde el caminante recoge sus fragmentos, los une y sigue adelante, más firme, más consciente.
3. Los Encuentros Significativos
En este viaje, no caminé solo. A cada paso, las palabras me conectaron con almas que resonaron con cada historia, con cada reflexión, con cada aprendizaje. Porque, al final, escribir es un acto de generosidad, un puente que une distancias y acerca corazones. Y como decía FRANCIS BACON, la amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad. En cada comentario, una chispa encendida en medio del trayecto. En cada historia compartida, un eco que devolvía la certeza de que las palabras no se pierden; se transforman, se expanden, se convierten en puentes invisibles. Porque cada voz que resuena en el otro es, al final, un reflejo de nosotros mismos.
4. Mirando hacia Adelante
El camino recorrido no es el final. Al contrario, es el preludio de nuevos comienzos. Hoy, a cien artículos de distancia, siento que la voz ha encontrado su tono, que el mensaje se ha clarificado y que lo que viene es un campo abierto lleno de nuevas posibilidades. Aún quedan palabras por escribir, historias por contar, mensajes por entregar. Porque mientras haya alma, habrá voz. Y mientras haya voz, habrá camino.
Cada artículo es un paso, un peldaño en una escalera que no tiene fin. Y aunque los temas puedan cambiar, la esencia sigue siendo la misma: tocar corazones, provocar reflexiones, abrir senderos donde otros puedan caminar y sentirse menos solos.
Lo recorrido no es un cierre; es un preludio. Porque mientras haya voz, habrá palabra. Y mientras haya palabra, el sendero seguirá extendiéndose. Cada artículo ha sido un eco que dejó huella; cada historia, una semilla que florecerá en otros corazones. Porque, como decía FLORENCE NIGHTINGALE, lo importante no es lo que el destino hace con nosotros, sino lo que hacemos con lo que el destino nos entrega.
Por eso, continúo siendo un sembrador de palabras, un caminante incansable y un hacedor de puentes invisibles hacia el alma de quienes aún no han llegado para conectar orillas y destinos de oportunidad.
5. Conclusión
En estos cien artículos, el verdadero protagonista ha sido el aprendizaje. Cada reflexión escrita fue un paso más hacia el reencuentro con lo esencial. Hoy, miro hacia atrás y agradezco cada palabra, cada pausa, cada silencio. Porque, en realidad, cada artículo fue un susurro al viento, un faro encendido en medio del océano, una brújula para aquellos que, como yo, buscaban un norte en medio de la niebla.
La vida no se mide por las veces que respiramos, sino por los momentos que nos dejan sin aliento, dijo MAYA ANYELOU. Y es en esos momentos, donde el alma florece, que comprendemos que cada palabra escrita fue, es y seguirá siendo un susurro que acompaña, un faro que guía y un puente que une corazones. Y mientras la voz siga resonando, el camino seguirá extendiéndose. Porque lo único que no puede detenerse es el alma cuando decide florecer.
Agradezco a quienes caminaron conmigo, a quienes resonaron con mis letras y a quienes, en su voz, dejaron un eco que sigue vivo. Y miro hacia adelante, con la certeza de que el viaje continúa. Porque el camino, como la vida, es un constante renacer.
A cada lector, le extiendo una invitación: sigamos caminando juntos. Hay más historias por contar, más páginas por escribir. Porque lo único que no puede detenerse es el alma cuando decide florecer. Y mientras haya palabras, habrá camino. Y mientras el camino siga extendiéndose, seguiremos escribiendo la historia, paso a paso, letra a letra. Al final, la vida es un eco. Lo que envías, regresa. Lo que siembras, cosechas, afirmó THICH NHAT HANH.
Y mientras el eco de las palabras siga resonando, el camino seguirá abriéndose ante nosotros. Porque la voz del alma no se apaga; se transforma en la historia que dejamos escrita en cada paso dado. Y mientras la voz siga viva, siempre habrá nuevos senderos que trazar, nuevas historias que contar y nuevos puentes por construir.
Texto e imagen digital de RICARDO GIRALDO

