Con las nuevas tendencias culturales en los cuatro puntos cardinales del planeta, las herramientas virtuales, las rápidas trasformaciones tecnológicas y la aparición desbordada de nuevos productos y servicios, que en oportunidades no tienen utilidad alguna, el tiempo se nos va, y los escasos segmentos que pensamos controlar, se diluyen entre los dedos de nuestras manos porque dejamos que la mente nos transporte al pasado o simplemente, nos empuje al vacío de la imaginación y las cavilaciones futuras.
La desmedida actividad del consumo y la avalancha incontenible de la virtualidad, que ahora inició una nueva generación con la Inteligencia Artificial, absorbe nuestro tiempo como una esponja y terminamos convertidos en esclavos de todo ese mundo exterior que nos exhibe la dinámica del consumo y el caudal de la virtualidad que con su corriente arrasadora y deshumanizante nos sumerge en las profundidades de sensaciones que hoy han ingresado a la lista de enfermedades para ser tratadas y controladas, y entre la variedad de estas afecciones surgen en primera línea la adicción a la virtualidad, el insomnio, la depresión, las tendencias suicidas y otros males que si listamos con detenimiento no nos permitirían cerrar este breve espacio de reflexión.
Entonces, detente por unos instantes, piensa en ti mismo/a y revisa por un momento si toda esa velocidad que solo te resta tiempo y calidad de vida por estar preocupado/a por el último lanzamiento de la nueva prenda de vestir, el dispositivo electrónico que solo se diferencia del anterior por una nueva tecla o función verdaderamente irrelevantes, los juegos de video en comunidad virtual, las tarjetas de crédito y las desmedidas actividades sociales, justifican que el tiempo de tu existencia pase, sin poderlo controlar para retornar y descubrir tu interior. Es allí donde reposa tu verdadera esencia y riqueza espiritual, que bien administrada se convierte en un elíxir para equilibrar tus cuerpos físico, espiritual y emocional. Si logras esa sintonía, la perspectiva del mundo sufrirá una transformación y las respuestas a tantas preguntas serán respondidas. Los problemas empezarán a disminuir y el peso que agobia tu desgaste emocional será liberado, soltando el lastre que ata el navío que gobiernas a puertos materiales que no te ofrecen nada cambio. Ningún valor agregado, y sí, por el contrario, una perdida de recursos que te dejarán sin energía ni vitalidad. ¿Qué decides? ¿Te quedas en el puerto seguro de tus materialidades e inseguridades o sueltas las amarras y lastres para emprender el viaje de tu vida?
Imagina por un momento poder sostener una verdadera conversación con tu interlocutor en el presente, sin que mientras lo haces divagues por el pasado o el futuro, y puedas convertirte en el rey de ti mismo para gobernar el imperio de tu vida. Una de las claves para este mecanismo de rescate y control consiste en comprender que no es lo que tienes sino lo que das aquello que en verdad te llena y da sentido a tu vida. En esa proporción, cuanto más estés en capacidad de soltar y dejar, te permitirá volar con seguridad, elevando tu cuerpo físico-espiritual-emocional hacia estados inexploradas de equilibrio y bienestar.
Olvídate del qué dirán. De la crítica, de los cuestionamientos y de todo aquello que te preocupa por llevar un traje de apariencias. Comienza a ser tú mismo. Evita juzgar, comparte todo lo que tengas, sirve con amor a tus semejantes, da sin esperar nada a cambio. Descubre lo hermoso que hay en cada persona que se cruza en tu camino, ofreciendo tu mejor valor agregado y aceptando lo que otros te ofrecen para crecer en unidad, no individuamente. Ese es el verdadero camino hacia el éxito, y el cual nos enlaza a todos comprendiendo que somos parte del mismo tejido universal, y que esa conciencia nos abre horizontes de entendimiento y seguridad. De respeto y oportunidad. Donde cada uno puede ejercer su diferencia en libertad. No somos una masa homogénea, sino un conglomerado de individuos. Cada uno es un presente irrepetible, y todos diferentes, por esta razón deben ser valorados de forma individual. Cuando alcancemos esa iluminación, y solo en ese instante restaurador, entonces, un sendero de luz nos guiará hacia la cumbre de nuestros anhelos, y seremos capaces de reconocer la patria interior de cada uno para honrarla; y adherir a los elementos comunes, aceptando las diferencias sin agredirlas y reconociendo en su mensaje lo que nos enseñan para discernir con sabiduría y poder expandir nuestro entendimiento y el conocimiento que gobierne nuestras acciones con asertividad, generando una convivencia pacífica y abriéndonos a la abundancia universal en cualquier escenario que abordemos y nos desempeñemos personal y/o profesionalmente.
Texto de RICARDO GIRALDO

