¿Cuándo fue la última vez que realizaste un inventario para revisar las cargas que llevas o arrastras y lo que has guardado pero que ya hace mucho tiempo no utilizas?
Una reflexión que nos viene muy bien a diario y que olvidamos por largos períodos. Justo en el momento en que perdemos esa conciencia de lo que ingresa a nuestra bodega interior o a la de nuestro negocio, iniciamos un proceso de acumulaciones y de amarres a lastres que nos impiden avanzar y que poco a poco nos van desgastando emocional y físicamente.
Despójate de lo superfluo. De todo aquello que llega a ti pero que en realidad no representa ningún valor agregado para tu existencia o tu negocio. En esa categoría puedes encontrar personas, situaciones, cosas, y una interminable lista de elementos… Ropa, colecciones, revistas, libros, desechos que en algún momento pudiste considerar útiles pero que si vas mirar hoy, no son más que basura.
Todo aquello que no te llene espiritualmente, que no tenga un verdadero significado para tu diario vivir, y en particular, todas esas cosas que están ahí pero que ya has olvidado o no has vuelto a utilizar por más de 6 meses, sobran. Se han convertido en una carga que no puedes continuar llevando contigo. Son lastres que te atan emocional, física o espiritualmente y están causando un atraso al tren que comandas: tu vida.
En esa lista también puedes incluir personas. Cómo no. Son todos aquellos individuos que entran a tu vida, salen de ella o permanecen, pero que en realidad no construyen para ti ni para tus circunstancias porque no te respetan, ni valoran, y menos, estarían dispuestos a dar su vida por ti o a extenderte la mano si ven que vas por el filo de un despeñadero que te lleva hacia un abismo. Esos mismos que te adulan, pero son incapaces de emitir una crítica amorosa para ayudarte. O que aquellos que sabiendo que vas a desmayarte luego de una jornada extenuante de caminata por el bosque no partirían su último pan para compartirlo contigo, a sabiendas de que no tienes qué comer y de que no será fácil volver a encontrar alimento en un largo tiempo.
Aquellos que no te nutren el alma ni hacen parte de tu legión de guerreros de luz debes expulsarlos. Retirarlos de tu lista de convidados. La fiesta de la vida no permite intrusos. Esos serán los que te juzguen sin piedad cuando cometas un error, y harán despliegue de su soberbia y su poder para dañarte. Te traicionarán sin pensarlo dos veces mientras te sonríen a la cara y luego te hundirán una daga curva por la espalda, girándola después para asegurarse de que no sobrevivas.
¿Sonó fuerte lo que afirmé? Tal vez, pero eso es tan solo una advertencia para que potencies tus criterios de selección y de oportunidad. Es lo que te permitirá encaminar los protocolos con los cuales manejas tu casa interior, tu hogar y tu negocio. Son los comandos que apoyan tus decisiones. Si le permites la entrada a cualquiera, convertirás esos templos que forman parte de tu vida, en burdeles, e iniciarás una ruta sin sentido hacia destinos vacíos. Comenzarás a perseguirte la cola como un perro que se va a morir. Perderás el horizonte y dejarás de mirar hacia lo alto para fijar tu mirada en el lodazal que tienes a tu alrededor porque descuidaste la limpieza y permitiste que convirtieran tu territorio sagrado en un basurero.
Es hora de revisar los vagones de tu tren. Los rincones de tu bodega interior. Los sentimientos que alberga tu corazón y todos aquellos con quienes te relacionas. Ha llegado el momento de hacer un balance de tus pertenencias, riquezas y de las personas que están en el círculo de tu vida. Es el final del viaje y comienzas una nueva etapa de renacimientos. De limpieza profunda para liberar los lastres, aliviar las cargas innecesarias y controlar el ingreso de individuos peligrosos a tus dominios. Es tiempo de emprender el vuelo y elevarte como las águilas hacia las altas cumbres.
Diseña tu nueva carta de navegación y reescribe el diccionario de valores para despojarte de lo falso. De todo aquello que no te permite expresarte y ser libre. De aquello que no te da identidad, y que al permitir su arraigo te distancia de tu patria interior.
Asciende hasta la cima de tus anhelos para abrazar a un verdadero amigo y celebrar la amistad en medio de la constelación de los sueños que anida en tu corazón, y que ilumina tu alma con esperanza para respirar el aire renovador que restaurará tus pulmones y tus alas. Inicia de nuevo el viaje, vestido con la luz del guerrero interior que habrá sido liberado en tu interior, y él te guiará por las rutas de la plenitud y del amor sin límites para que puedas servir a tus hermanos de jornada, a tus compañeros de viaje y al equipo de tu empresa para alcanzar los objetivos que traerán a la realidad el éxito.
Ya no necesitas nada de lo que ofrece la sociedad de consumo, de lo ajeno. De aquello que no requieres. Porque ahora estás en el lugar que te pertenece, comandas tu nave y es el derecho que te corresponde para recibir la abundancia universal. Has alcanzado lo esencial. Lo que te hace ser tú mismo. Irrepetible. Único. Ahora creces, la alegría alimenta tus frutos, que luego de la amarga paciencia y el dolor que representó esperarlos en tu huerto, puedes disfrutarlos y saborear el dulce que traen porque son el producto de tus victorias y te lo mereces, aquí y ahora. Suelta todo y abre tus manos para recibir lo mejor.
Texto de RICARDO GIRALDO

