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Principios y Valores, las Estrellas que dan Sentido a Tu Vida

Hace un tiempo atrás dejé de ver noticias por televisión y sistemas de cable. También paré de escuchar la radio. Me decían, no puedes desconectarte de los aspectos importantes de la vida, si no, estás fuera de lugar, de contexto y pierdes elementos de competitividad para desempeñarte como persona y como profesional.

Durante un largo segmento de vida guardé silencio frente a estos comentarios, muchas veces inequitativos, como la mayoría de los que las personas van haciendo sin medir la dimensión de las palabras. Solo por cumplir con un estereotipo o una costumbre equivocada.

Hoy he confirmado que ha sido una de las mejores elecciones y decisiones de mi vida. Ustedes se preguntarán el por qué. Bueno, la tendencia regional y mundial debido a la expansión de la virtualidad, que le ha quitado sintonía a los programas emitidos por televisión y por cable, han tornado la cotidianidad de los seres humanos en unos procesos de inmediatez frente a los cuales las personas no reflexionan ni tienen el tiempo para analizar la información que reciben, muy unida a los principios que gobiernan tu interior y a los valores que construyes para engranarte en una u otra cultura.

Los principios, que nunca podrías transigir, son los pilares sobre los cuales reside la estructura de tu existencia como ser humano. El más importante es quizás el respeto por la vida. Impensable transigirlo bajo ninguna circunstancia ni en ningún lugar del planeta. Los valores son el conglomerado de conductas que generas para relacionarte con las personas y vivir armónicamente en una comunidad o localidad con un determinado tipo de cultura y costumbres.

Mientras que los principios no los puedes transigir, los valores son susceptibles de ser ajustados y modificados de acuerdo con el lugar en donde vives o el sitio que visitas. Un ejemplo que nos puede ilustrar la duda es que si eres de occidente y vas a un país que practica el islamismo, en la mayoría de oportunidades, debes vestir ropas adecuadas y si eres mujer, cubrirte la cabeza y el rostro. Tampoco podrías invitar a un musulmán a un restaurante típico donde ofrecen recetas preparadas con cerdo, porque lo estarías asesinando moralmente y le causarías un constreñimiento total, es decir, lo opuesto a lo que quieres lograr cuando convidas a alguien para compartir un almuerzo o una cena.

Los principios, como el que cité, funcionan de manera axiomática en cualquier lugar del mundo, independientemente de la cultura, la religión y las costumbres, porque todos respetamos la vida como principio esencial. No cambias de vestuario o de restaurante para respetarla. Al contrario, la honras como parte esencial de tu existencia y la de los demás seres humanos que acompañan tu viaje por el cosmos.

Esta diferencia entre principios y valores se ha diluido de manera que hoy en día el significado se ha distorsionado y pareciera que puedes pasarte por alto los principios con la excusa de que es tu derecho, o simplemente porque así lo eliges, lo cual es un error.

Las sociedades en nuestros países de América Latina, pero quizás también en el resto de regiones, han entrado en procesos de fracaso porque se han acostumbrado a transigir los principios y muchas veces confunden estos con los valores, sacrificando lo verdaderamente esencial por lo superfluo o banal, y en oportunidades, alcanzando los territorios de la criminalidad. Hoy en día es más sencillo agredir a los padres o a los profesores, robarse las cosas, violentar a las personas y destruir los bienes públicos y privados con la excusa de que se ejerce un supuesto derecho a la libertad, pero en realidad lo que están haciendo estas personas, es transigir sus principios, que seguramente no les fueron trasmitidos, porque esa es la nueva tendencia que invade los escenarios en los hogares, las escuelas y las calles de las diferentes ciudades y países. Una situación peligrosa que amenaza la convivencia y el futuro de cualquier sociedad.

Cuando creces en un ambiente donde no te son trasmitidos los principios al interior de la familia y consolidados una serie de valores desde tu hogar, luego en el colegio y la universidad y finalmente en el trabajo y en los diferentes escenarios donde vas tomando decisiones, terminas eligiendo atajos que acortan no solo la prosperidad de tu vida sino de la sociedad en la cual te desempeñas como persona y como profesional, que rápidamente tejen una cadena de errores y prácticas que destruirán tu vida y la de quienes te rodean. Habrás levantado los límites y al transgredirlos, muchas veces no encontrarás el camino de vuelta y extraviarás tu vida como un barco a la deriva.

Viene a mi recordación uno de los más destacados secretarios generales que ha regido los destinos de Naciones Unidas: DAG HAMMARSJÖLD, quien fue el segundo secretario (1953-1961) de esta organización cuya respetabilidad fue un ícono inconfundible entre los países del mundo hasta finales del siglo pasado. En su Diario Íntimo, él afirmó: lo que le da el verdadero sentido a la vida son estados que puedes alcanzar o perder, pero no transigir, vender o comprar. La vida solo se entrega al conquistador, de lo contrario, vivirías de bienes robados y músculos distendidos.

Texto de RICARDO GIRALDO

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