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Cuando te llamen «Fracasado», Dales la Espalda para Convertirte en Guía

Siempre hay algo bueno en todo fracaso aparente. Quizá no lo veas ahora,
pero se revelará con el tiempo. Sé paciente.
SIVANANDA SARASWATI

Nos han enseñado que el fracaso es el fin del camino. Que cuando te enfrentas a esta circunstancia, eres alguien sin éxito, sin oportunidad. Te afirman que no sirves para nada y que eres un incapaz.

Yo te digo, amigo(a) que eso es simplemente una falacia. No creas ni una palabra de esas afirmaciones. Ninguno de los que te haya dicho eso ha vivido en verdad. No sabe de los retos y desafíos del navegante. Del guerrero interior que llevas dentro. Invencible. Poderoso. Unido a la esperanza, que es la luz invencible que te da la fortaleza para alcanzar las cumbres de tus anhelos. Que te permite traer a la realidad los sueños que alberga tu corazón.

Cree en ti. Ten la certeza de que cada uno de nosotros es un presente irrepetible del universo con dones que la DIVINIDAD nos ha otorgado para ser ricos, aquí y ahora. Cada vez que falles, que te equivoques, que no aciertes el camino y que divagues con tu nave en medio de un mar turbulento, simplemente, no te paralices. Confronta los miedos para que ellos no alcancen la dimensión que despierta en ti el pánico frente a las adversidades, la enfermedad o ese fracaso del que muchas veces escuchas hablar a tu alrededor. En oportunidades, te digo, es simplemente la envidia también de aquellos que no resisten ver tu inmenso potencial frente a la mediocridad que los carcome.

No te quedes en el borde del risco mirando el horizonte que tienes frente a ti. Parado ahí, solo percibirás la brisa. Hermosa sí, pero si te lanzas al vacío y despliegas tus alas, sentirás el poder del viento, y de repente, volarás al lado de las águilas. Ese eres tú. Nadie podrá controlarte ni desviarte del rumbo porque entre más alto vueles, serás inalcanzable y dejarás atrás no solo tus temores, sino que habrás vencido a aquellos adversarios que te encadenaban en una jaula diciéndote que no podías. Pero no es verdad, porque tú, sí puedes. Tienes el potencial. Un caudal de fuerza universal empuja las velas de tu navío por el cosmos. Una corriente poderosa de viento sustenta tus alas en la inmensidad del firmamento cuando decides volar por ti mismo.

Muchos intentarán atraparte, atarte para impedir tu viaje. Está en ti permitirlo o darles la espalda para convertirte en guía.

Muchos te juzgarán y se atreverán a emitir un juicio y una condena. ¿Vas a creer en ellos o en ti?

Cuando te sientas desanimado, no renuncies. Cuando te invada la tristeza, cierra los ojos y celebra la vida para que la alegría desborde por tu piel y te una a los seres de luz que te acompañan en tu jornada cósmica. Repite, o mejor, intenta una y otra vez hasta que te acerques a la perfección. Si renuncias, no sabrás si el siguiente paso era el último escalón para alcanzar la cumbre. Si te rindes y te das por vencido, perderás la oportunidad de conquistar todo por lo que has luchado tantas veces. Perder una batalla o entregar muchas no es un error, al contrario, puede ser parte de la estrategia para obtener la victoria.

Renuncia a lo inútil y concéntrate en cambiar en ti lo que no te deja afinar el vuelo. Desaprende todo aquello que te enseñaron para que descubras quién eres, cómo vas a vivir y cuál va a ser la carta de navegación que escribirás para comandar tu barco y para gobernar tu vuelo. Sea cual fuere el destino que te fijes, muchos serán los puertos a los que tendrás que llegar para reabastecerte. En oportunidades, tendrás que detener tu vuelo en lo alto de un risco para recobrar el aliento, para renovarte y continuar de nuevo. Esos momentos son difíciles, y a veces, nos pueden asustar, pero quien niega el miedo, se priva del placer de superarlo.

El fracaso lo vivenciamos todos y cada uno de los seres humanos desde el momento mismo en que iniciamos nuestro intento por ponernos de pies para caminar por primera vez, sin embargo, es un concepto que raramente nos enseñan a confrontar. La universidad de la vida nos guía, y cada lección aprendida por cada fracaso obtenido se convierte en un criterio más, adquirido para analizar nuestro siguiente paso. Es ciertamente una nueva estrella de referente en el firmamento de nuestra experiencia que nos señala el rumbo para continuar el viaje, y que nos permite realizar los ajustes que requiere nuestra carta de navegación. Viene a la retina de mi alma lo expresado por ROBERT T. KIYOSAKI, los ganadores no temen perder. Los perdedores, sí. Tropezar es parte del proceso para alcanzar el éxito. Las personas que evitan fallar también evitan sobresalir.

Nada hay más amargo que la paciencia, pero sus frutos son dulces y en tus manos es puesto a cada instante el milagro que esperas si logras ser persistente. Si utilizas la claridad para ver a distancia. No te resistas. Entrégate. Acepta, y deja que la gratitud y el amor sin límites se conviertan en la bandera de tu patria interior. Entonces, comprenderás que estás revestido de eternidad, y aquello que te hacía temer la muerte de lo material, ahora te motiva a renunciar a todo aquello que te ata y que de una u otro forma se convierte en una colección de lastres. No desperdicies el tiempo cuidándolos para que no te los roben o evitando que se deterioren, como todas las baratijas materiales. Compártelos, dónalos, dalos de presente a otros que puedan necesitarlos y sigue tu camino, tu ruta de navegación y el ascenso hacia las altas cumbres en tu vuelo imparable hacia el éxito de tu vida. Cuanto más liviano vayas, mayores serán las recompensas, porque no las habrás comprado, sino alcanzado, y eso, es lo que en verdad le da el sentido a tu vida.

No des oídos a la estupidez de la necedad humana. Aquellos que te insulten en su carrera por obtener certificados de mediocridad, no resistirán verte feliz, no se alegarán por tus triunfos, ni estarán dispuestos a dar su vida por ti. Si encuentras a alguien que lo haga, ese es un amigo(a) de verdad, un compañero(a) de jornada y probablemente, juntos entonces podrán caminar en la misma dirección conservando su libertad, pero compartiendo una causa común. No es sencillo. Te lo aseguro, pero es real. ALBERT CAMUS, dijo en una oportunidad, el amor es una cosa que se repite raramente una o dos veces cada siglo. Por eso, desconfía de los que te ofrecen todo, pero al menor error, te juzgan y lanzan el veneno de sus palabras que se nutren con el resentimiento de sus fracasos y sus desventuras. Ten cuidado de no sucumbir a las vanidades humanas, porque ellas son la causa de tu destrucción y muchos son los que asisten a ese conglomerado de desmanes, pero pocos los que en realidad asisten al banquete de la vida y celebran en armonía con el cosmos. Evita ser deslumbrado por lo efímero y cierra tus ojos para que puedas ver con el corazón. Sirve con generosidad. Comparte de lo que te hace falta y ama sin límites para que el universo se entregue a ti y te ofrezca todo lo que guarda para ti.

Tu momento es aquí y ahora. Cada segundo que pierdes es una estrella apagada que no volverá a brillar. Aléjate de las sombras y busca siempre los senderos que te conducen hacia la luz, porque ahí se encuentra lo hermoso de la vida, la belleza con la que fuiste creado y concebido. El esplendor de la existencia que te une al universo y a todo cuanto te rodea.

Texto de Ricardo Giraldo

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