Esta palabra, sobre la cual quiero realizar mi reflexión en esta oportunidad, encierra un concepto universal. Me refiero a la alegría, y está conectada con el poder de la fuerza espiritual que nos mueve.
Celebramos con alegría el tener alimento, abrigo, refugio. También cuando viajamos, practicamos un deporte o realizamos tareas personales y profesionales de forma exitosa. La alegría, a pesar de las dificultades, el dolor y el sufrimiento, está siempre presente en el cotidiano diario de cada uno de nosotros.
Algunos confunden la alegría con la felicidad. Yo considero que la primera, definitivamente se encuentra asociada a ese poder y fuerza extraña que dinamiza nuestra patria interior. Está ahí siempre. Nos hace sonreír, empuja la llama de la esperanza que nos provee la fortaleza en circunstancias adversas o que requieren gran inversión de persistencia y paciencia. Nos conecta con el universo.
La felicidad está más relacionada con el mundo material. Somos felices teniendo cosas. Es fugaz. No dura para siempre, como sí la alegría. Somos felices a veces. Nos llenamos de una gran emoción por recibir algo en las manos. Por tenerlo. Recuerdo a mi sabia ABUELA… el posesivo mío y el adjetivo sabroso nos llevan por senderos de frustración y no son duraderos. A esas dos categorías está asociada la felicidad.
Durante el Primer Congreso de Gestión Cultural del 2010 se decretó al 1 de agosto como el Día Mundial de la Alegría para reflexionar sobre la importancia de tener presente esa sensación y su poder transformador en cada momento de la vida de los seres humanos.
Según estudios en psicología, la capacidad de sentir alegría es una actitud importante para superar situaciones difíciles en la vida.
La alegría nos transporta más allá de la simple realidad. Produce un sentimiento de bienestar sanador. Reconciliador. Emerge en situaciones durante las cuales abrazamos, compartimos o sonreímos, para celebrar la vida con otras gentes, o en nuestra individualidad, cuando escogemos la soledad como un escenario de reflexión, descanso y restauración.
Viene de mi bodega interior un pensamiento de JONATHAN SWIFT que guardo en la retina del alma, los mejores médicos del mundo son el doctor Alegría y el doctor Tranquilidad.
Nos provoca alegría ver un atardecer. Escuchar el concierto de la vida, percibir los aromas y sabores del mundo. También entrar en contacto con las texturas. La alegría está profundamente asociada a ese puente que conecta el alma y el espíritu que llevamos, con el mundo y la creación que gobierna el ARQUITECTO DE LA VIDA.
Cuando escoges vivir con alegría, zarpas con tu barco hacia el bienestar duradero. La preparación para alcanzar el puerto y abordar requiere adiestrar tu cuerpo físico. Necesitas de renunciamientos. Tienes que decidir, por eso aparentemente sufres, pero cuando te apoyas en la esencia de la determinación, descubres que tu cuerpo es un aliado estratégico para vivir y alcanzar el paso hacia la eternidad.
Cuando cruzas el puente, dejas el cuerpo, pero tu alma continua intacta. Permanece para siempre.
La alegría nos impulsa a imaginar. A utilizar nuestra capacidad creadora. No en vano afirmó WALT DISNEY, si puedes imaginarlo, puedes hacerlo.
Al contrario de lo que afirman las definiciones acerca de la alegría y la felicidad, yo considero que la primera es la verdaderamente duradera, porque está dentro de ti. La felicidad en cambio, es efímera, depende de las cosas exteriores, materiales.
El equilibrio entre el respeto por el cuerpo y el alma nos permite alcanzar estados de alegría, pero no podemos confundir esta con la euforia del goce material, porque ahí es cuando se inicia el fin del camino.
Al ceder de manera desbordada a los deseos del placer para atender las demandas de nuestro cuerpo físico, tenemos solo momentos de felicidad e ilusiones efímeras que desaparecen rápidamente dejando un sufrimiento que causa el deseo de volver a lo mismo.
Si cometes gula, por ejemplo, el alimento físico, en cambio de proporcionarte salud, te enferma.
Para ilustrar este pensamiento en otro escenario común a todos, permítanme remitirme a las denominadas épocas navideñas.
Un ícono universal de estas festividades lo constituye el «árbol de navidad», que ha reemplazado no solo la presencia simbólica de la LUZ DIVINA, representada por las velas en los hogares tradicionales, sino que además ha creado una falsa asociación emocional en los niños, quienes son los mayores del futuro inmediato, transformando la esencia original y los principios divinos por luces artificiales, decoraciones excesivas y costosos regalos materiales, que en muchos lugares del planeta se tornan en una afrenta contra la condición de la mayoría de sus habitantes.
Esa falsa «alegría» y «felicidad» de las referidas épocas se diluye rápidamente, porque como los dioses de barro, se parte con facilidad y no está sustentada por una verdadera base espiritual.
No existe alegría mayor que asistir a tu hermano de jornada cósmica para que su vida se transforme y logre alcanzar sus más profundos anhelos. Ten presente lo que afirmó MARK TWAIN, para obtener el valor total de la alegría, debes tener a alguien con quien dividirla.
En oportunidades una sonrisa. Una mirada. El simple hecho de atender a quien busca tu apoyo, toca a tu puerta o te solicita consejo, bastan para traer los sueños de muchas personas a la realidad, impregnando desde tu interior la atmósfera exterior con el poder de la alegría, que, como el rocío de las madrugadas, emerge de lo invisible para manifestarse en lo visible, en medio de las condiciones propicias. No cae ni llega de ningún lado. Solo aparece. Delicado, sutil.
¿Aceptas el reto? No pierdas tiempo. Aborda tu propio barco y comanda tu vida. No te arrepentirás. Te lo aseguro.
Algunos, en cambio de extender la mano a su prójimo para descubrir cómo funciona la alegría de compartir, se encierran en sus pequeños y limitados mundos para vigilar sus trofeos y acumulaciones.
Hacen fiestas paganas en cambio de celebrar la vida. Fijan la mirada en el suelo en vez de ver el reflejo de la grandiosidad en el rostro del otro.
Al hacer tus decisiones, de cierta forma, eliges vivir o morir. Puedes sumirte en el placer, o escoger la otra orilla, que implica sacrificio, pero que trae grandes alegrías al alma.
El cuerpo, por ser material, no quiere el dolor, por eso aspira a morir. Cada vez que dormimos, de alguna manera morimos temporalmente, porque no sentimos nada. La vida es el anhelo del alma. Perdurar. Abrir una ruta hacia el horizonte de la eternidad. Recuerden que estamos hechos de ambos. Cuerpo físico y espiritual.
El genio estadounidense de la literatura dedicada a los mitos y leyendas, JOSEPH CAMBELL, dijo, encuentra un lugar en el interior donde hay alegría, y la alegría quemará el dolor.
Podemos tener la mejor carta de navegación, pero solo el capitán experimentado podrá navegar y confrontar los retos de un mar agitado, en medio de la obscuridad y azotado por tormentas borrascosas.
Los invito a zarpar hacia nuevos destinos. Renuncien a todo aquello que los ata al puerto para que puedan navegar livianos.
Comanden su propia existencia en el marco de lo que instruye el ARQUITECTO DE LA VIDA para que logren vivir por alguien, o por algo.
Nada les proporcionará mayor realización. Descubrirán un mundo nuevo que no conocían antes. Se sorprenderán, el poder de la alegría los inundará y cada lágrima que escurra por sus mejillas será un elíxir de victoria.
Sus espíritus se llenarán de un oxígeno que jamás habían respirado, y un bienestar inundará cada rincón interior.
Entonces, la llama que DIOS puso en cada uno se encenderá y brillará desde lo más profundo hacia el exterior. Resplandecerán como el amanecer. Todos verán el inicio de un nuevo sendero, y se unirán a ustedes para formar un ejército de paz que traerá alivio a su alrededor y llevará esperanza y luz a todos los lugares.
Qué más quieres para tu vida. ¿Juegas, o te decides?
No es fácil. Te lo digo con sinceridad. Si no tienes coraje, no eres valiente y no estás dispuesto a renunciar a lo efímero, mejor quédate en tu espacio limitado, drogándote con las ilusiones banales que emanan de lo material e insignificante.
Pero si, por el contrario, tienes un sentimiento de fe y esperanza. Si tu corazón está iluminado interiormente y quieres desplegar esa luz a tu alrededor para llenar tus espacios con amor y alegría ejerciendo el poder de la bondad, zarpa ahora mismo amigo(a).
Si te asomas a la ventana de tu existencia, un caudal de esperanza y alegría inunda tu ser interior. Entonces, tu bosque florece y un nuevo amanecer hace brillar tu vida y la de todos los que te rodean.
Sumérgete conmigo. Hallarás en las profundidades de tu interior, el tesoro que por tanto tiempo has buscado.
Celebra la vida, y zarpa hacia el encuentro de tus ideales para que alcanzar tus más grandes y nobles anhelos.
Me embarga la alegría de las renunciaciones, y la conquista de los estados elevados en las altas cumbres de la existencia. Ahí, donde moran las águilas espirituales y en donde se vierten los elíxires de la restauración, el bienestar y la prosperidad.
Tengo necesidad de un amigo, pero, sobre todo, de un camarada de jornada. De alguien que sea capaz de ofrendar su vida por la mía, como yo lo haría por la de él/ella. De compartir el pan del honor cuando hay amor. De beber de la certeza cuando esperamos por el retorno prometido.
Necesito abrir mis manos para entregar generosidad, y en un abrazo, aliviar con el elíxir de la alegría el sufrimiento de quien llama a mi puerta para gritar en un silencio sus angustias, y en la mirada sus necesidades.
Aprende a servir e iniciarás la ruta que te lleva hasta el amor sin límites. Al final, obtienes la victoria de la vida sobre la muerte. Asistes a la belleza que está depositada en el mundo y en cada uno de sus rincones, y una alegría inmensa inunda tu corazón.
Texto de RICARDO GIRALDO

