Desde pequeño, por la avidez que me ha conducido a explorar el mundo y a leer diferentes estilos, autores y literatura, he concluido que en el interior del ser humano se libra una batalla constante entre el bien y el mal. CHURCHILL lo afirmó en alguna oportunidad cuando gobernaba el Reino Unido, durante la Segunda Guerra Mundial.
Ese escenario de batalla al cual me refiero, está asociado a la voluntad del ser humano, y a un concepto que se ha forjado a lo largo de la historia de la humanidad. Me refiero al LIBRE ALBEDRÍO.
Su existencia y definiciones aplicadas ha sido un tema central a lo largo de la historia de la filosofía y de la ciencia. Algunos autores afirman que se diferencia de la libertad en el sentido de que conlleva la potencialidad de tomar una decisión, o simplemente de no obrar.
Este reúne diferentes implicaciones religiosas, éticas, psicológicas, jurídicas y científicas. Por ejemplo, la ética puede suponer que los individuos son responsables de sus propias acciones. En la psicología, implica que la mente controla algunas de las acciones del cuerpo, las cuales son conscientes.
Las gentes, al decidir y actuar, pueden determinar el cambio de la historia. Tal vez por eso se acostumbra decir que el futuro está en constante transformación. Porque el libre albedrío puede alterar, sin duda, el curso de los hechos y el desenlace de los mismos, ya que por ser una conducta humana se constituye en un reflejo, consecuencia o materialización de la voluntad de cada individuo y no de fuerzas externas a la persona.
Una palabra mal utilizada, una acción no reflexionada con anterioridad y en muchas ocasiones, el simple hecho de no brindarle al interlocutor la posibilidad de ser escuchado antes de tomar resoluciones, puede trastornar el destino de las circunstancias y alterar el cauce del río que conecta las orillas del entendimiento.
No soy quién para llamar a la puerta de la fe de ninguno. Tampoco es mi responsabilidad el libre albedrío de cada uno. Solo trato de abrir espacios de reflexión para que quienes así lo consideren, replanteen su posición actual, despertando un sentimiento de unidad cósmica.
Cada uno de nosotros puede hacer uso del libre albedrío en el marco del comportamiento ético y moral. De ese proceso resultan consecuencias. Unas veces favorables, otras, no tanto. Así mismo, una persona que se ha equivocado y teje una cadena con eslabones de hechos terribles, tiene la oportunidad de arrepentirse y enderezar el camino.
Sin embargo, alguien que llega a la condición de robar para comer y beber ha perdido su libertad de elección, y sus deseos, que han desbordado el libre albedrío, son capaces de sobrepasar cualquier límite o situación que se interponga en su camino para satisfacer tales deseos.
Traigo aquí un escenario que ilustra lo que acabo de afirmar. Se trata de los temas asociados con las adicciones. Un adicto en esencia pierde su libre albedrío y se convierte en esclavo de su adicción.
En oportunidades, cuando realizaba actividades de voluntariado, durante una visita a un centro para adolescente recuperados, recogí un testimonio común en varios de ellos, cuando necesitaba drogas, hice cosas que nunca pensé que sería capaz de hacer.
Cuando pierdes tu voluntad y en consecuencia el control de tu libre albedrío, obras con tus vísceras y no con la mente inspirada por la DIVINIDAD. Inicias un recorrido por una ruta espinosa de temores, odios y venganza que solo te conducen hacia un abismo de obscuridad y destrucción.
Recuerdo aquí un aparte del libro El Zahir, de PAULO COELHO, has dicho muchas veces que la libertad absoluta no existe; lo que existe es la libertad de escoger cualquier cosa, y a partir de ahí comprometerse con esa decisión.
Si bien el vino y el pan son símbolos de celebración, también se pueden tornar en la llave para abrir el caos. Si cometes gula, el alimento físico, en cambio de proporcionarte salud, te enferma. Si no aprendes a beber y a comer con mesura para equilibrar tu existencia, el placer se convierte en dolor, y las consecuencias son nefastas.
Otro ejemplo que nos ilustra acerca del libre albedrío asociado a un tema de nuestros tiempos, es la virtualidad, que utilizada como una herramienta de apoyo para los desempeños profesionales y personales se convierte en un aliado estratégico que nos lleva hacia el éxito.
Si sucumbimos a su avalancha de informaciones, imágenes y zonas obscuras, terminamos en otra forma de adicción que daña el cuerpo, la mente y en consecuencia nos puede llevar por senderos de enfermedad y de muerte.
Una adicción, cualquiera que sea su escenario, alcohol, drogas, internet, sexo, cigarrillo, comida, puede esclavizar a la persona. Por tal razón, es vital asumir una preparación, una disciplina y un control que evite en nosotros el desarrollo de hábitos que pueden ser destructivos.
Al respecto de lo anterior, es de suma importancia que los padres comprendan esto. Frecuentemente, en algunos de los coach personales que realizo, me encuentro con que los padres usualmente consideran que el hecho de que sus hijos acudan con frecuencia al alcohol es una fase que van a superar. Es todo lo contrario. Lo más probable es que la condición progrese y alcance dimensiones inimaginables y muy serias.
En el momento en que los padres descubren y comprenden que un hijo consume drogas o alcohol en exceso, o es adicto a cualquier otra cosa, es un error considerar o pensar que una medida efectiva para detener el proceso será solicitarle, o incluso ordenarle, que deje de hacerlo.
Es altamente probable que, en esas circunstancias, la persona haya perdido su libre albedrío y ya no tenga más control de su voluntad, ni límites para obtener lo que demanda.
Siempre recomiendo a los padres que consulten la situación con personas y profesionales idóneos con una competencia demostrada en los temas de adicción, para que los guíen asertivamente a través de su experiencia, conocimiento, consejos y capacidad profesional en estos asuntos.
Al referirnos al libre albedrío, no se trata de asumir una postura de privaciones, menos en este universo que nos ofrece tantas maravillas y belleza. Es una invitación para detenernos de vez en cuando durante la prisa del día a día, para comprender la grandeza que hay más allá e iluminarnos interiormente en medio de la obscuridad cuando esta nos rodea.
DIOS no quiere hacerlo todo, para no privarnos de nuestro libre albedrío ni quitarnos una parte de la obra que en nuestro bien redundará, afirmó NICOLÁS MAQUIAVELO.
El libre albedrío se convierte en un escudo cuando fortalecemos nuestra voluntad para decidir cada vez mejor, enfocándonos en el horizonte iluminado por los comandos del ARQUITECTO DE LA VIDA, el orden universal, y los sueños de nuestro espíritu inmortal.
Cuando retornamos a nuestros verdaderos orígenes, es decir, a nuestros padres, a la familia y a nuestra patria interior, emerge el poder que dinamiza el libre albedrío para construir, dentro y fuera de nosotros.
Cuando escoges vivir, zarpas con tu barco hacia el bienestar duradero. La preparación para alcanzar el puerto y abordar, requiere entrenar tu cuerpo físico. Utilizar tu libre albedrío para tomar decisiones asertivamente. Necesitas de renunciamientos.
Entrenas tu capacidad para resistir y persistir, por eso aparentemente sufres, pero cuando te apoyas en la esencia de la determinación, afinas tu sintonía con el universo y descubres que tu cuerpo es un aliado estratégico para vivir, y dar luego el paso hacia la eternidad. Cuando cruzas el puente, dejas el cuerpo, pero tu alma y tu espíritu continúan intactos. Permanecen para siempre.
Texto de RICARDO GIRALDO

