En el corazón de todo invierno vive una primavera palpitante y detrás de cada noche vive una aurora sonriente.
KHALIL GIBRAN
Caminaba por un sendero de árboles iluminado por los rayos del sol que se filtraban de manera fantástica entre el follaje de las copas. Eran las 4 de la tarde. El cielo tenía un tono de azul impecable. No había una sola nube irrumpiendo en la grandiosidad de ese firmamento que me conectó por unos segundos con la grandeza del universo. Detuve mi andar al encontrarme con un joven solitario cuya apariencia me llamó la atención. Estaba solo, sentado sobre un viejo tronco y con su estampa desgarbada. Lloraba. Nos saludamos y le pregunté qué le ocurría… Me contó que estaba triste y se sentía infeliz porque nadie lo escuchaba ni le prestaba atención.
Iniciamos una conversación acerca de la vida y logré sacarle una sonrisa que me permitió conectarme con su alma. Rápidamente descubrí su DEPRESIÓN. No había comido. Estaba cansado. No quería hacer nada. Le ofrecí unas galletas que llevaba en mi bolsillo y al recibirlas e iniciar su consumo se generó una conexión maravillosa que me permitió trasportarle esperanza. Le di un par de consejos. Sonrió con una alegría que nacía en su corazón, nos despedimos y continué sumergido en una profunda reflexión acerca de este estado que aqueja no solo a jóvenes, niños y personas mayores. No hay fronteras de edad. Cualquiera puede enfrentar un episodio depresivo.
La DEPRESIÓN, dicen los voceros autorizados, como la Organización Mundial de la Salud, una agencia de las Naciones Unidas, es un trastorno mental-emocional que se caracteriza por bajos estados de ánimo, sentimientos de tristeza, sueño, inapetencia, pero en oportunidades puede ocurrir que la persona genera una ansiedad desbordada que lo hace comer sin límites. El grado de la DEPRESIÓN se detecta porque el individuo presenta alteraciones en su comportamiento, algunas veces con estados de irritabilidad y agresividad, otros de sumisión y casi desconexión de su entorno. No hay un estereotipo único ni podemos clasificar a ningún ser humano en un cuadro estadístico porque cada uno de nosotros es un presente irrepetible. Prefiero referirme a las tendencias que manifiesta en general una persona deprimida.
Muchas veces, se generan sentimientos de tristeza, unas ganas de llorar imparables, una sensación de vacío o carencia y también de desesperanza. En oportunidades vemos arrebatos de enojo, irritabilidad o frustración, incluso por asuntos de poca importancia. En los jóvenes es habitual que se registre una pérdida de interés o placer por la mayoría de las actividades habituales o por todas, como las relaciones sexuales, los pasatiempos o los deportes. Se duerme menos y es difícil conciliar el sueño, por eso se producen efectos secundarios en la falta de fuerzas físicas y en la manifestación de desánimo. Existen circunstancias en las cuales las personas no pueden concentrarse en sus actividades o responsabilidades y fallan. Manifiestan un cansancio infinito y comen poco o generan cuadros de ansiedad y consumen alimentos de forma desmedida.
¿Qué puedo decirles de mi experiencia en relación con esta circunstancia? Que, si bien es cierto que no podemos ayudar a todas las personas con DEPRESIÓN, sí tenemos la capacidad de escuchar a muchos de ellos y de brindarles una oportunidad para que su luz interior resplandezca y puedan iniciar un camino de retorno. La primera tarea en este proceso, es propiciar una atmósfera para que nos hablen acerca de sus emociones, sufrimientos y circunstancias que los agobian. ¿Recuerdan el joven que describía al inicio? Ese también puede ser uno de nosotros y las personas indicadas para establecer un diálogo, son aquellos seres que nos han demostrado su amor y que nos han ofrecido confianza. Recomiendo siempre pensar, hablar y actuar «en positivo».
Nuestra existencia en este mundo es una batalla constante entre el bien y el mal. Solo cuando eliges lo mejor, llegas a tu destino.
Cuando comencé a escribir este segmento subí de mi bodega una recordación en la cual tengo aún fresco el diálogo con un viejo mentor. Hablábamos sobre las dificultades y los retos que cada ser humano confronta… él decía, el hombre es un aprendiz, el dolor es su maestro. Quien no ha sufrido, nada sabe. Tiene razón. El sufrimiento es un sendero de aproximación hacia nuestra razón de existir, a lo que la Divinidad puso en nosotros y a todo aquello que nos une con el resto del universo. A su grandeza y al equilibrio que teje esa red cósmica a la cual pertenecemos todos.
Cada etapa de nuestras vidas es una batalla épica en la que luchamos contra nuestros temores, dudas y fantasmas. También contra uno de los elementos que más nos agobia: el exceso de vanidad. Se requiere de fortaleza para encontrar la ruta hacia nuestro sendero interior y así validar el compromiso propio y el que tenemos con nuestros hermanos de jornada.
La práctica frecuente del mindfulness y el ejercicio son dos rieles que pueden ayudar a encarrilar nuestras angustias y sufrimientos, nuestros retos y desafíos, pero, sobre todo, nos ayudan a despertar confianza en nosotros mismos y en la grandiosidad de lo que traemos. Su práctica frecuente nos permite descubrir o reencontramos con nuestros dones, que son la verdadera riqueza que cada ser humano tiene para vivir bien y alcanzar sus anhelos.
Amo y respeto a todos los seres humildes que acompañan y cruzan mi camino por el cosmos. Cada uno me recuerda la grandeza de la DIVINIDAD y el verdadero sentido de mi vida. Por eso, busco incansable esa ruta para alcanzar el verdadero equilibrio. Ese que también podemos alcanzar cuando nos alimentamos de forma asertiva. Cuando nos nutrimos bien y transportamos bienestar a nuestros cuerpos emocional, físico y espiritual en el momento de consumir los alimentos, que siempre debemos agradecer, puesto que la gratitud es un canal de apertura para que el universo lea nuestros sentimientos y nos retorne luz y energía. Ese es un mecanismo que se va adaptando y aprendiendo en la medida en que somos más selectivos con los alimentos, su forma de prepararlos y la manera como los consumimos, es decir, comiendo despacio, en medio de un disfrute que transporte equilibrio y paz para armonizarnos. Tengan siempre presente estos cuatro pilares para mantener una alimentación sana: naturalidad, vitalidad, complementariedad e integralidad.
Cada uno tiene su visión. No niego que muchas veces he sentido y probado el sabor de las derrotas, pero eso me ha motivado para levantarme con más ferocidad y arremeter con la furia y la nobleza de un león. He conquistado nuevos destinos y estaciones durante estas sendas recorridas… y vaya que han sido muchos los puertos y los lugares donde me he detenido para continuar después la jornada. ¿El resultado? Una bodega interior cargada de riquezas invisibles, paisajes maravillosos, tantas recordaciones, saberes, amistad y emociones profundas… Siempre, en cada batalla, en medio de las tormentas o de la oscuridad, una luz interior ha brillado. La puso la DIVINIDAD ahí, es la esperanza, la cual nunca se apaga y nos provee con el combustible para que la fortaleza emerja y nos lleve hasta la cumbre donde nos encontramos con la constelación de los sueños y entonces, es posible alcanzar nuestros más nobles anhelos. El pasar de una luna. La llegada de un amanecer. El tránsito de un año hacia el otro, son símbolos de esperanza. De vida. De Restauración. Es la redención que cada uno puede tener con su propia vida.
Hoy, en medio de estas reflexiones durante mi retorno interior, viajo por un sendero que me conduce hacia el santuario donde moran mis más profundos sentimientos de amor, gratitud, servicio y paz. Allí donde una luz enciende mis sentidos y llena la oscuridad más profunda, recordé una frase escrita y pronunciada por DWIGHT EISENHOWER: un pueblo que valora más sus privilegios que sus principios acaba perdiendo ambos.
La gente, en medio del vacío que dejan la falta de ternura, de amor, de comprensión y de diálogo, escoge rutas sin salida para aliviar sus penas, sus necesidades y sus frustraciones. Muchas personas que acumulan la riqueza sin un propósito prefieren rendirle culto temporal, en lugar de ponerla al servicio de sus semejantes y del universo. Otros, en medio de su delirio, se creen superiores a los demás e inician procesos de esclavitud, explotación y engaño para extraer la energía y la bondad de las personas. Son como vampiros sociales que degradan la cohesión, el orden y el respeto.
Y hay una raza, deformada por dentro, que construye falsos altares y prédicas inútiles para lucrar con el dolor, el sufrimiento y la confusión de los que no ven lejos y caen en la trampa de los falsos dioses que les prometen todo en el marco de una ilusión pasajera, que tristemente los despoja de todo, y los llena de un inmenso vacío.
El equilibrio entre el respeto por el cuerpo y el alma nos permite alcanzar estados de alegría, pero no podemos confundir esta con la euforia del goce material, porque ahí es cuando se inicia el fin del camino. Al ceder de manera desbordada a los deseos del placer para atender las demandas de nuestro cuerpo físico, tenemos solo momentos de felicidad e ilusiones efímeras que desaparecen rápidamente dejando un sufrimiento que causa el deseo de volver a lo mismo. Si cometes gula, el alimento físico, en cambio de proporcionarte salud, te enferma.
Cuando escoges vivir, zarpas con tu barco hacia el bienestar duradero. La preparación para alcanzar el puerto y abordar requiere entrenar tu cuerpo físico. Necesitas de renunciamientos. Tienes que decidir, por eso aparentemente sufres, pero cuando te apoyas en la esencia de la determinación, descubres que tu cuerpo es un aliado estratégico para vivir, para alcanzar el paso hacia la eternidad. Cuando cruzas el puente, dejas el cuerpo, pero tu alma continua intacta. Permanece para siempre.
Una vez que accedes a estos mecanismos para retornar a ti mismo, todo ese sentimiento que te conduce hacia la DEPRESIÓN se irá desvaneciendo y será reemplazado por uno de alegría movido por la esperanza, la fortaleza y la capacidad que te proveen tus dones para realizarte como ser humano y poder incluirte en el circuito universal para servir y ayudar, acciones que te llenarán de una inmensa satisfacción.
Vivir es maravilloso y cualquier cosa que ocurre en el más desapercibido instante de nuestra existencia debe ser un motivo para agradecer. Sea que nos acompañe el sol o la luna mientras navegamos, en cada momento tenemos la oportunidad de percibir con los sentidos, que son el puente de nuestro espíritu con el mundo, la grandeza de la DIVINIDAD y su presencia a través del equilibrio cósmico y de la hermandad que compartimos con los demás seres que nos acompañan en el universo. Somos una red y nuestra existencia es solo una parte de ella.
Utiliza la sabiduría que llevas dentro e invierte cada instante de tu existencia para alcanzar la eternidad de tu alma. Serás como el rocío de las madrugadas. Tu luz aparecerá, como los primeros rayos del sol durante el alba, para rescatar de las tinieblas y el dolor a tus hermanos cósmicos, y la estrella en la que te habrás convertido, guiará a muchos extraviados en las noches de sus soledades y abandonos, y en el abatimiento por el sufrimiento. Compartirás el pan de tu existencia y un sentimiento glorioso llenará tu espíritu de satisfacción.
Ya no te sentirás más lejos de DIOS, sino al contrario, serás uno con ÉL y tus acciones serán parte de Su Voluntad.
Tengo necesidad de un amigo, pero, sobre todo, de un camarada de jornada. De alguien que sea capaz de ofrendar su vida por la mía, como yo lo haría por la de él/ella. De compartir el pan del honor cuando hay amor. De beber de la certeza cuando esperamos por el retorno prometido.
Necesito abrir mis manos para entregar generosidad, y en un abrazo, aliviar el sufrimiento de quien llama a mi puerta para liberar sus angustias y necesidades.
Quiero agradecer en el silencio de mis soledades y celebrar la vida en la multitud de los encuentros.
Lo mejor de mí está siempre ahí. Esperando para desplegarse.
Volemos juntos hasta el imperio de la bondad, para reunir nuestro amor, traerlo de vuelta y repartirlo al mundo.
Texto de RICARDO GIRALDO

