En días pasados acepté la invitación de un viejo amigo para compartir un delicioso café en una de esas cafeterías que continúan, infortunadamente, desapareciendo de nuestras ciudades y localidades, y que considero lugares épicos para convocar y asistir a los encuentros de la vida con la sabiduría de las gentes que forman parte de la banda sonora de nuestra vida.
La conversación giró en torno a varios temas, pero hubo uno que dejé en remojo para reflexionar con ustedes. Hablemos hoy de riesgo y de peligro.
Si nos vamos a los diccionarios y las definiciones aplicadas, encontramos que cuando nos referimos a riesgo, enmarcan el concepto como la probabilidad de que una amenaza se convierta en un desastre.
En cuanto al peligro, lo delimitan como cualquier fuente, situación o acto con el potencial de producir un daño en una persona, una propiedad, el ambiente o en una combinación de éstos.
Ambas, como toda definición genérica de conceptos universales, son limitadas y pobres. Revisemos un horizonte más detallado acerca de estas dos orillas conceptuales, las cuales, definitivamente, forman parte de nuestro cotidiano y, en consecuencia, están presentes durante todo el viaje por la vida, que como dije en alguna oportunidad, es un paréntesis de eternidad.
Inicio con un ejemplo sencillo, pero ilustrativo, que forma parte de la sabiduría popular, si no corres el riesgo de levantarte de tu cama y salir al encuentro de la vida, te ves abocado a perderte de sus maravillas.
El escenario de esa frase parece simple e irrelevante, pero por el contrario encierra una profundidad inimaginable. Forma parte del proceso para alcanzar la cima donde podemos contemplar la constelación de nuestros sueños y anhelos, lo cual nos permite iniciar la materialización de los mismos.
Ahora bien, cuál es la diferencia entre riesgo y peligro. Pues bien, el primero es el que asumimos cuando de por medio hay una preparación. Un conocimiento. Un aprendizaje y un entrenamiento.
En el segundo caso, no sabemos, no conocemos, no tenemos experiencia, y enfrentar una situación en esas condiciones reduce las posibilidades de alcanzar el éxito en cualquier desempeño, e incluso, puede amenazar nuestra vida.
Un ejemplo que nos pone de cara frente a la diferencia entre riesgo y peligro se los puedo referenciar con una de las actividades que durante mucho tiempo he practicado, y es mi afición por el buceo, el cual nos conecta con otro mundo y dimensión maravillosos, diferente al que encontramos en la seguridad de la superficie terrestre.
Hacer una inmersión parece la cosa más sencilla, y en verdad lo es, pero para lograrlo en condiciones idóneas, se requiere de un conocimiento, unos equipos, una experiencia y un entrenamiento.
Cuando decides ingresar bajo la superficie, sabes a lo que te puedes enfrentar y en ese caso asumes el riesgo, pero si, por el contrario, te lanzas al agua y te sumerges sin tener ese conocimiento, ni los equipos adecuados, ni la formación, el entrenamiento y la práctica, corres un peligro inmenso y amenazas tu propia vida, la cual es, sin duda, el mayor presente que te ha otorgado la DIVINIDAD.
Puedes trasladar esa misma reflexión al escenario del alpinismo y te encontrarás con que los más grandes escaladores en hielo, bajo circunstancias extremas, han perdido parte o todos los dedos de sus manos y sus pies, al confrontar las difíciles situaciones de temperatura extrema bajo cero que se registran en las altas cumbres.
Todos ellos poseen el conocimiento, el entrenamiento, la práctica, y al asumir el riesgo, salvaron sus vidas aún a costa de perder parte de sus manos o pies. Uno de ellos, Gaston Rébuffat, de origen francés, escribió en sus memorias, quien dice no sentir miedo, se priva del placer de superarlo. Con certeza, si no tuvieran dicha sabiduría y experiencia, la situación se habría convertido en un peligro y habrían perdido sus vidas en el proceso.
El anterior ejemplo, nos muestra lo difícil que puede ser dedicarse a una actividad, y la responsabilidad, la paciencia, la persistencia y la capacidad para dar e incluso, renunciar a muchas cosas en nuestra vida, cuando en verdad hacemos todo por, o con amor.
Diría aquí que el peligro es una irresponsabilidad pasajera que no conduce a nada, y quienes se aventuran a realizar cualquier actividad, rutina o desempeño en la vida sin previamente tener un conocimiento, un entrenamiento y una mejora continua, simplemente se van a chocar de frente contra un muro invisible de estupidez, que, en oportunidades, les puede costar la vida.
Para alcanzar el éxito es vital asumir riesgos, pero ellos deben estar respaldados por una disciplina y persistencia cuyos pilares sean el conocimiento y la sabiduría. Esta última solo la proporciona los años y la experiencia.
Si evitas asumir el riesgo de comandar tu barco y te detienes en lo que otros te dicen, perderás tiempo irrecuperable. Si sucumbes a lo efímero, tardarás en llegar, y corres el peligro de no alcanzar el territorio del amor sin límites, y de los sueños y anhelos por los cuales batallas para alcanzar las victorias de tu vida.
Recuerdo con afecto entrañable lo que escribió MARK TWAIN, mantente alejado de la gente que menosprecia tus ambiciones. La gente pequeña siempre hace eso, pero los realmente grandes hacen que sientas que tú también puedes ser grande.
Llegas si te lo propones. Alcanzas las altas cumbres si estás dispuesto a enfrentar los sacrificios, el dolor y los riesgos que debes asumir. Y así mismo, si te revistes de persistencia y nunca te das por vencido.
Escribí en otro artículo acerca de Helen Keller, y ella, en su condición de extrema limitación, sin poder ver, escuchar ni hablar, voló y llegó alto, lejos. Brilla hoy en día como una estrella guía en el firmamento de quienes conocemos su historia, y se ha convertido en el faro para que muchos en el mundo logren alcanzar sus puertos de destino sin entregarse a la obscuridad y al fracaso. La vida es una aventura desafiante o nada en absoluto, afirmó esta mujer maravillosa.
¿Quieres gobernar el mundo o ser el mandatario de tu reino interior? ¿Qué prefieres, el riesgo para enfrentar una situación que te lleve al éxito, o el peligro que te despeñe por un abismo sin retorno?
Te digo que no es fácil vivir, pero cuando se vive de verdad, cada momento vale una eternidad. Al descubrir el sentido de la vida alcanzas un estado único. Irrepetible. Y entonces, todos los riesgos valen la pena.
En realidad, al alcanzar un triunfo, también entramos en el territorio del riesgo, porque esa aparente seguridad nos torna vulnerables a la influencia de la inclinación humana hacia conductas negativas. Pero si superamos las pruebas, utilizando el poder de nuestra luz interior que es la esperanza y la convertimos en el combustible para alimentar nuestra fortaleza, vencemos. Alcanzamos la victoria de la vida sobre la muerte.
Una buena historia te puede llevar a un viaje fantástico, dijo WALT DISNEY. ¿Cómo quieres escribir la tuya?
Texto de RICARDO GIRALDO

