Son tantas las personas que han entrado y salido, pero pocas las que en verdad
se han tornado en parte de la banda sonora de mi vida.
RICARDO GIRALDO
Hoy con nostalgia en mi corazón, pero con una inmensa alegría en mi espíritu debo reconocer que no dejo de recibir decepciones, y a pesar de ello, descubro que mi fortaleza se incrementa y luego de hacer los ajustes necesarios en mi carta de navegación, continúo el viaje por el maravilloso océano de la vida, surcando las rutas universales para acercarme más al ARQUITECTO DE LA VIDA.
Cuanto más sirves y ayudas a las personas, ellas se confunden con tus acciones, quieren siempre más de ti. Demandan en oportunidades, cosas que ni siquiera habían cruzado por tu mente. Acomodan las circunstancias. Confunden y crean caos.
ANTOINE DE SAINT-EXÚPERY, dice en su obra El Principito que la PALABRA es fuente de malos entendidos. Lo esencial es invisible a los ojos, solo se ve con el corazón. Cuánta razón hay contenida en sus palabras y en este sentimiento.
Quienes emprendemos una causa en la vida, estamos sujetos a ser juzgados y condenados por la irracionalidad no solo de quienes no comprenden la dimensión de esta, sino porque, además, en ocasiones, nos vemos expuestos a los tribunales de la incomprensión, el rechazo, los juzgamientos y otra serie de sentimientos humanos por parte de nuestros más cercanos y amados. Es una circunstancia lamentable, que causa un dolor muy grande en nuestro corazón, que deja una marca en nuestra alma, pero no por eso debemos permitir que nos invada la tristeza. Simplemente, debemos continuar nuestra jornada, y también, servir con auténtico amor sin límites a nuestros hermanos de jornada cósmica.
Ya he pasado por varios tribunales humanos. Ninguno ha podido condenarme porque la justicia de DIOS siempre puede más que las limitadas elucubraciones de las personas. Cuando hay confianza y fe, descienden a tu alrededor una legión de ángeles, que construyen un escudo de protección invencible. También vigilan y apoyan los procesos en silencio, iluminando tu vida con la fuerza y el poder de DIOS para que la fe se edifique un poco más cada día.
Puedo con certeza afirmar que no guardo odios ni rencores en mi bodega interior. Solo tengo hermosas recordaciones que viajan conmigo siempre. Un sentimiento de gratitud me invade cuando ellas afloran en la retina del alma revelando esos compañeros de jornada, hombres y mujeres, que han acompañado con lealtad y amor mis caídas. A esos que a pesar de que mi aroma fuera imperceptible a los sentidos durante algunos momentos, lograron percibir la necesidad en mis ojos y atendieron con generosidad mi grito silencioso para salir al rescate. Sin juzgarme, con una paciencia admirable y con un sentimiento de hermandad universal, olvidando su condición de poder, de bienestar. A todos y cada uno de los que comprendieron que más allá de las apariencias, existe una grandeza irrefutable en cada semejante. A todos lo que han sido capaces de utilizar su compasión para obrar con amor hacia mi existencia. A quienes nunca dieron la espalda por más difíciles que fueran los momentos. A los que jamás han abandonado el barco aun en medio de las más borrascosas tempestades; y a todos los que han utilizado su fuerza para extenderme su mano y jalarme del abismo.
Cuando amas de verdad, descubres lo sublime de las LEALTADES y encuentras una causa para inspirar tus acciones. Respeto a todos los seres humildes que acompañan y cruzan mi camino por el cosmos. Cada uno me recuerda la grandeza de DIOS y el verdadero sentido de mi vida. Por eso, busco incansable esa ruta para alcanzar el verdadero bienestar.
Mi única bandera son los principios que aún permanecen intactos dentro de mí, y mi patria interior la constituye el hogar que mi madre y mi familia me proporcionaron y en medio del cual recibí amor y lealtad, los cuales nunca he olvidado, a pesar de todo, y siempre marcan en mi carta de navegación la ruta cierta, independiente del destino hacia el cual oriente mi barco.
Mi mayor lema actualmente es la gratitud. Celebro hoy, mejor que ayer, la vida.
Aprendo, como el aprendiz que no he dejado de ser, a escuchar en el silencio de un camarada el grito de su corazón afligido. Solo así puedo comprenderlo y encontrar las palabras para construir un diálogo sin límites. Cuido siempre de él/ella como si fuera yo mismo. Le dejo partir cuando está listo de nuevo; él/ella recordará el camino de vuelta que lo conduce hasta el santuario en donde puede reencontrarse con la pureza de la vida. Le brindo refugio, mientras silenciosamente recobra el aliento. Le doy la oportunidad para que sonría. Le permito apoyarse en mí mientras se restaura y le ayudo para que emprenda el vuelo y pueda retornar una y otra vez hasta su cumbre. Si no lo hace, guardo para él/ella un lugar en mi corazón, espero y tengo dispuesta una copa de vino para compartirla al calor de la amistad. Si nunca viene, le pido a la DIVINIDAD que cuide de su espíritu mientras Él dispone el encuentro en otro tiempo, espacio y lugar.
Qué más les puedo decir, queridos lectores y lectoras, acerca del sentimiento que me une a mis hermanos de jornada cósmica en cada escenario de la vida. Imposible no comprenderlos y ser compasivo. Solo así encontramos el verdadero perdón interior, y nos liberamos para ejercer el amor sin límites que nos eleva hasta las altas cumbres de la existencia. Agregaría quizás, que nosotros podemos crear con nuestra PALABRA. Por eso es vital cuidar la forma en la cual utilizamos nuestro lenguaje y las actitudes que tenemos hacia nuestro prójimo.
Es fácil reunir un puñado de palabras para difamar, calumniar, burlarse y referirnos a una persona. Sin embargo, una vez desatado ese movimiento, las consecuencias son incalculables. Causado el daño es imposible retroceder, a pesar de rectificar, de un pedido de disculpas o de un arrepentimiento transitorio. Restaurar es un acto exclusivo de DIOS, y es ahí donde el ser humano no se mide cuando por actuar visceralmente con su libre albedrío, desencadena destrucción, dolor y malestar.
A través de la tecnología actual, con los memes que inundan el ciberespacio, la telefonía inteligente que nos mantiene hiperconectados, y los nuevos medios que manejan una inmediatez instantánea, podemos utilizar el poder de la PALABRA de forma equivocada, y esto desencadena consecuencias nefastas e irreparables en muchas ocasiones.
Por eso es importante que cuidemos nuestra PALABRA. Que aprendamos a descubrir y ejercer sentimientos de respeto y tolerancia por la diferencia, en particular cuando las personas actúan y/o piensan distinto. Cuando muestran su individualidad, que es parte de la grandeza que el ARQUITECTO DE LA VIDA nos da. Por eso somos únicos e irrepetibles.
Al decir esto, no me refiero a conciliar con la inequidad ni con pasar por alto los principios esenciales como el respeto por la vida. Todo lo contrario. Es justamente revisar ese marco referencial para guiar nuestras acciones y actuar con equilibrio, especialmente cuando tenemos un disgusto, al no coincidir en la manera como alguien actúa, o simplemente cuando no comprendemos una situación porque prejuiciamos y evaluamos la circunstancia con estereotipos sociales, culturales o de conocimiento, y en oportunidades, discriminando por causa de la religión, la raza o la condición económica de un individuo.
Cuida tu lengua y las palabras que tu boca pronuncia. Recuerda que cada ser humano que está frente a ti, está ahí por una razón. No es casualidad. Esa persona comparte este universo contigo. Todos somos parte de esta creación, y no eres tú el indicado para juzgar o condenar, para burlarte de una condición o para dañar a alguien porque no estás de acuerdo con su forma de pensar, de ser o de actuar. Utiliza tu libre albedrío inspirado por la DIVINIDAD y respeta todo lo que te rodea, en particular los seres humanos que como tú forman parte del cosmos y tienen, como tú, una misión en esta vida.
Una PALABRA mal utilizada, una acción no reflexionada con anterioridad y en muchas ocasiones, el simple hecho de no brindarle al interlocutor la posibilidad de ser escuchado antes de tomar resoluciones, puede trastornar el destino de las circunstancias y alterar el cauce del río que conecta las orillas del entendimiento.
Transforma en sonrisa el dolor de quien se asoma a tu puerta. Acógelo con un abrazo. Ofrécele agua y alimento, pero, sobre todo, proporciónale alivio para mitigar y sobrellevar su dolor y sus aflicciones. Evita juzgarlo. Solo intenta comprenderlo y haz que de tu boca salgan palabras de amor y de bondad. Así estarás en sintonía con DIOS y contribuirás a esparcir belleza y equilibrio sembrando paz.
Si los seres humanos aplicáramos la simplicidad, todo sería un nuevo despertar. Un sendero de esplendor para el espíritu. Serviríamos para curar. Viviríamos para amar. Cada PALABRA y acción se tornarían en gotas que aumentarían el caudal de ternura y generosidad que esta y otras sociedades requieren con urgencia.
El universo te espera para guiarte por un sendero iluminado. Eres un viajero estelar, y comandas la nave de la bondad. Define con tus palabras las acciones del amor sin límites y nada podrá evitar que derrames una estela de bienestar por donde vayas.
No dejes de confiar, pero sé cuidadoso al interactuar con los demás seres humanos. Muchos estrechan tu mano. Otros te abrazan. Algunos hasta sonríen para disimular la maldad que contienen sus palabras, sus oscuros pensamientos, y la perversidad que enmascaran con una sonrisa hipócrita.
Camina siempre por la orilla de la luz.
Tórnate un guerrero de bondad.
Texto de RICARDO GIRALDO

