Vive, viaja, corre aventuras, bendice y no lo lamentes
JACK KEROUAC
Cientos de lunas han pasado desde que inicié mis primeros contactos con el aire. En las alturas. Han sido centenares de momentos inolvidables en que despegaron y aterrizaron los vuelos que me han conectado con la grandeza de cada escenario, delicadamente constituido con el amor, la bondad y la gracia del ARQUITECTO DE LA VIDA alrededor del planeta. Cuánto esplendor y belleza creados por la DIVINIDAD. Tantas maravillas que en oportunidades ignoramos.
Los seres humanos, abandonan la tierra y su generosidad, por el egoísmo y la ambición.
Dejan su morada interior para embriagarse con el mundo. Pierden su ruta de retorno, y aquel estado maravilloso del AMOR SIN LÍMITES.
Cambian la inmensidad de su riqueza interior por las baratijas que brillan en el exterior. Alucinados, dejan el territorio de la cordura y la sensatez para sumergirse en las arenas movedizas de lo material.
Alienados, millones de seres humanos han extraviado su camino. Sus rutas de navegación. Sus pensamientos los hacen hablar sin saber lo que dicen y sus palabras hunden dagas invisibles, pero profundas, en el corazón de todos aquellos con quienes cruzan su camino. Sus acciones, producto del temor, la inseguridad y los fantasmas del miedo los llevan por atajos sembrados de ira. Finalmente, sucumben en fangales de odio.
Hordas de seres humanos, como búfalos en estampida, van de un lado para el otro con los afanes del progreso. De la tecnología. De los transportes veloces. No ven ni oyen. Tampoco comprenden, porque viajan a un ritmo tan acelerado que no les permite detenerse en la belleza de las cosas.
¿Cuántas naciones hoy permiten al suelo descansar?
La desmedida sed y hambre de los empresarios y la población solo toman, pero no agradecen ni esperan con dedicación para la restauración. Los ciclos de la vida están agotados, y cansados. El planeta, agobiado por los excesos pide cordura y equilibrio. Sin embargo, DIOS nos renueva su promesa de prosperidad cada día que nos amanece.
Si te detienes y buscas el encuentro con el silencio, escucharás los sonidos del cosmos. Tu premura habrá acabado. Entrarás en sintonía con el universo. Ya no querrás devolverte jamás. Solo permanecer en ese estado para siempre. Estás próximo a la contemplación. Celebra la vida. Aquí. Ahora.
Nunca es tarde para alcanzar el estado del AMOR SIN LÍMITES. De abrir las alas y emprender el vuelo hacia las altas cumbres donde podrás realizar tus más grandes anhelos. De servir a tus hermanos de jornada cósmica.
Los invito a dejar que desde su interior emane la fuerza para levantar las alas de sus anhelos. Para que nos elevemos y viajemos por los cielos de la cordura y el entendimiento. De los principios universales. De la verdadera fraternidad. Del sentimiento más hermoso que podemos albergar en nuestros corazones: la gratitud.
Nuestro vuelo hacia el infinito puede convertirse en una estrella guía para dirigir nuestras naves hacia nuevos puertos que nos permitan encontrar en la soledad de las alturas, la paz profunda para sanar nuestros sufrimientos y restaurar nuestra esencia.
Emprende el vuelo. Lánzate hacia la grandiosidad de cada instante. Alcanza tus propias victorias. Gobierna tu reino interior y así traerás prosperidad y bienestar a tu mundo exterior, pero celebra siempre la vida en comunión con DIOS. Nunca te olvides de ÉL. Recuerda a LEONARDO DA VINCI: cuando hayas probado el vuelo, caminarás por la tierra para siempre con los ojos puestos hacia el cielo, porque allí has estado y allí siempre anhelarás regresar.
En el aire o en la tierra, durante tus vuelos y viajes, cuando seas anfitrión de tu prójimo, atiéndelo como si acabaras de recibir a DIOS en tu casa.
Viaja liviano para que tu ascenso te lleve cada vez más alto. Más seguro. Más lejos. Hazlo ahora. No pierdas tu limitado tiempo de vida física. Tienes el boleto en tu interior, úsalo y aborda ahora con destino hacia el AMOR SIN LÍMITES para que tornes tu espíritu inmortal en un sol resplandeciente que brille para siempre cerca de DIOS.
Si en algún momento te sientes perdido, deja que tu intuición, en sintonía con el ARQUITECTO DE LA VIDA te ayude a ajustar tu carta de navegación. Llegarás, te lo aseguro. Tu corazón desbordará de alegría y bienestar. Más allá de las cumbres. Cerca de las águilas. Para renovarnos como ellas, ver a distancia y estar más cerca del cielo. Ese mismo que observo con detenimiento mientras cierro mis ojos para que mi espíritu entrene y vea más allá del firmamento, así despegará un día durante el último viaje de mi cuerpo, en paz y armonía.
Cada día estoy más vivo, porque mueren en mí a cada instante los deseos materiales, y mis anhelos recobran el aliento. Emprenden el vuelo, alineados con DIOS, para ayudarme a escribir la carta de navegación que guiará mi nave hacia el
horizonte del AMOR SIN LÍMITES.
Mi pensamiento vuela en sueños. Lejos. Se eleva hacia las cumbres en donde reside la fortaleza de mi alma. Nací en una ciudad localizada sobre las montañas de los Andes, al norte de América del Sur. Guardo la estirpe de mis antepasados. Pienso en la grandeza de la elevación que nos conduce hacia la conquista de los nobles ideales.
Regresan a mí, los sentimientos de las renunciaciones y el coraje que requerimos para elegir, y tomar las decisiones. De la determinación para iniciar un nuevo sendero cuando hemos terminado otro. De la necesidad para alcanzar las conquistas y las victorias de la vida, que se tornan en el aire que limpia y alimenta nuestra bodega interior, y en la luz que guía nuestro espíritu. Un día guardé en la retina del alma estas palabras de PLATÓN: DIOS nos ha dado dos alas para volar hasta ÉL: el amor y la razón.
DIOS, gracias. Por todo, por tu amor. Por tu compasión infinita. Porque invisible a mis ojos, nunca has faltado a mi limitada presencia física, confortando el espíritu que me regalaste para darme fuerza, fe y valor en cada paso y jornada. Porque tu poder, tu gracia y tu bendición siempre me han cubierto y protegido, a pesar de mis desaciertos y mis rebeldías. Porque jamás me has negado tu mano santa para ayudarme a levantar. Porque tu luz radiante permanece eterna e ilumina mi interior en los momentos de mayor obscuridad. Porque cada día que me amanece me renuevas como al águila para emprender vuelos hacia cumbres inalcanzables para el común de las multitudes.
Texto de RICARDO GIRALDO

