Cierro los ojos y abro mi corazón para encender la llama del amor. Paz rodea
mi patria interior, preparo en mi corazón una lámpara de esperanza y la
fortaleza fluye para desplegar mis alas y volar cerca de DIOS.
Unos días. Unas noches han transcurrido desde el fatídico ataque al pueblo de ISRAEL en la más descarnada y genocida agresión en la historia reciente de sus gentes, perpetrada por un grupo terrorista despreciable al cual no nombraré en este texto porque sería deshonrar la memoria sagrada de ISRAEL y de todas y cada una de las víctimas que sufrieron el horror de su despiadada crueldad, de su infamia traicionera y de ese odio que albergan unos corazones retorcidos por la perversión y la maldad.
Quienes guardan silencio, miran al lado o dan la espalda frente a estos hechos se tornan cómplices de quienes actuaron de esta manera. Imposible ser imparcial o ejercer una duda que favorezca la oportunidad ante la villanía de estos perpetradores
del mal.
Nada justifica asesinar civiles inocentes de la forma como estos malvados hicieron con tantos seres humanos, que ya suman más de un millar y la cifra continúa aumentando, a los cuales atacaron en sus propios hogares incluso, humillando sus vidas, forzándolos a presenciar los horrores criminales con los cuales fueron asesinadas sus familias, y para las cuales no hubo compasión, ni piedad, ni misericordia con los niños, las mujeres, los jóvenes ni los ancianos. Unos fueron brutalmente degollados, otros recibieron disparos fatales, pero no satisfechos con este baño de sangre, avanzaron en la perversión y mientras asesinaban a los esposos e hijos, violaban, torturaban y luego también, asesinaban a las mujeres. Más de 150 rehenes fueron arrastrados de forma vil hasta Gaza por estos engendros del mal, y sus vidas también están amenazadas.
Cuánta maldad puede albergar un ser humano para cometer estas atrocidades. Qué pasa por la mente retorcida de estas personas que reclaman “justicia” cuando ellos han rebasado todos los límites de la misma para cometer los asesinatos premeditados en medio de las circunstancias más repugnantes que ni la más impactante película de terror pueda exhibir.
No soy partidario de la violencia. Pero debo expresar con todo mi sentimiento de solidaridad hacia el pueblo judío, al cual pertenezco porque mi padre desciende de judíos sefardíes, que les asiste el derecho de defenderse, de levantarse contra esta horda de perversión y maldad. Contra este ataque vil.
Solo quisiera decir que yo estoy transportando un mensaje de esperanza, fortaleza y fe por los cuatro puntos cardinales del planeta en español, inglés y portugués, y como bien digo, cada detalle creado por el ARQUITECTO DE LA VIDA nos revela la grandiosidad del universo gobernado por ÉL. Vinimos a servir y a compartir todo lo que nos es dado para contribuir en la expansión del amor, fuente inagotable de la vida y esencia del poder que sustenta a nuestro guerrero de luz interior.
Son momentos de una gran confrontación interior. De una batalla entre el bien y el mal, pero con certeza, la victoria será de la vida sobre la muerte, y solo el amor sin límites y la luz pueden guiar ese sendero hacia la cumbre del perdón, la reconciliación entre la hermandad judía y los palestinos. Todos, sin excepción somos seres humanos y venimos de la misma fuente que nos dio el mayor presente universal: la vida.
Quienes cometieron los actos criminales y el atentado terrorista del pasado 7 de octubre contra ISRAEL no forman parte del pueblo de Palestina ni de la humanidad. Esos seres de maldad serán borrados del libro de la vida.
Las disputas, las confrontaciones y los miedos, son el combustible del camino que rápidamente lleva el espíritu por los desolados territorios del odio e inhibe los nobles sentimientos que nos permiten expresar la bondad, la compasión y la solidaridad.
Escribí en un artículo reciente acerca del perdón. Yo perdono a todos estos miserables que han cometido los actos infames que agredieron a la hermandad judía y a toda la humanidad con sus acciones viles, perversas y degradantes. DIOS se apiade de ellos y sea ÉL quien guíe el corazón de los soldados y tropas de ISRAEL en esta incursión para defender la vida.
Siento a mis hermanos judíos en el alma y en el corazón y evoco el texto que escribí en un aparte de RETORNO INTERIOR para honrarlos en estos momentos en los que sufren la pérdida de sus seres amados… Frente a mí se descubre hoy un lienzo de ocres, rojos y naranjas. Se han combinado para integrar y dejar escapar, gota a gota, las grandes recordaciones de los amigos que han pasado y los que aún permanecen. Los que todavía, como yo, somos sobrevivientes de las obscuras y frías noches de helados inviernos, y cuanto más hemos luchado y resistido, las pequeñas victorias que nos han conducido hasta el nuevo amanecer, nos convierten en guerreros incansables. Entonces, el aire entra en nosotros como un huracán que nos da la fuerza para continuar. Sentimos que volamos como el águila que se lanza al vacío después de la renovación. Si un día un nuevo amigo se apunta al reto, le ofrecemos un sillón en nuestro corazón y esperamos verlo nunca rendirse. Lo poyamos en las caídas. En los fracasos. Hacemos presencia. Lo enredamos con un abrazo en nuestro corazón y lo soltamos cuando ha recuperado la confianza y sus alas maltratadas y cansadas están listas para desplegarse y emprender el rumbo que marca ineludible su ruta hacia DIOS. Libre, como un rayo que cruza el infinito, uniendo la tierra con el cielo. Un instante que se convierte en un puente hacia la inmensidad invadida por el amor.
Digo a cada hermano judío y a cada familia. A los ejércitos de Israel y a los escépticos del mundo: mi lenguaje se tornó universal y me convertí en un conector de gentes. Aunque algunos hagan ruido a mi lado, siempre quiero estar en sintonía. Comunico vida y esperanza. Oportunidad para renacer. Amor y servicio. Ayuda y apoyo a quien lo necesite. Mi mundo interior no tiene fronteras, ¿y el tuyo?
Hagan un alto en sus vidas y alimenten su bosque interior para que en el horizonte de sus sueños y anhelos brille un sol radiante pleno de luz proveniente de DIOS. Tengan certeza de que, con sus defectos y cualidades, con sus aciertos y desaciertos,
reconozco en cada uno de ustedes una patria individual y los amo incondicionalmente. Daría todo por evitar la guerra, pero como bien lo dijo WINSTON CHURCHILL, es inevitable, porque cada día, nos jugamos la vida, que no es otra cosa que una confrontación diaria entre el bien y el mal.
Cuando se ama sin límites, lo demás pasa a un segundo plano y entras en sintonía con DIOS y con el universo. Entonces, ayudar, servir y ser generoso no requieren de ningún libreto porque eres auténtico, y te detienes frente al otro con actitud compasiva para ejercer el verdadero sentimiento del amor.
Nuestra manera de actuar algunas veces se ve nublada por la interferencia de la razón, pero en verdad, es el espíritu que el ARQUITECTO DE LA VIDA puso en cada uno de nosotros el que debe decidir siempre. Esa intuición genuina nos conecta con Él y nos permite entrar en armonía con el cosmos.
Cuando se superponen los estereotipos o los pre-juicios, el resultado puede tornarse nefasto. La ética de la vida que DIOS nos invita a practicar no es compatible muchas veces con la ética humana, que siempre antepone intereses ante las reflexiones esenciales.
Deseo para todos y cada uno, un sendero de éxitos y alegrías, colmado de luz radiante para que sus vidas se enciendan de esperanza y alcancen sus más profundos anhelos. Solicito al ARQUITECTO DE LA VIDA que los colme de armonía y bendiciones para sus corazones y que un territorio de prosperidad florezca en todos los sentidos posibles hoy y siempre en cada una de sus vidas.
Shalom.
Texto de RICARDO GIRALDO

