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¿Estás Preparado para el Encuentro con tus Dones?

Solo aquellos que arriesgan ir demasiado lejos pueden
encontrar lo lejos que pueden llegar.
T.S. ELIOT

Algunas veces nos sentimos preparados para todo porque nuestra experiencia y conocimientos nos lo dicen, sin embargo, no es así. Para poder realizar cualquier actividad, debes primero tener un conocimiento, seguido de un entrenamiento y una práctica. Con este proceso, avanzas a un siguiente paso, y es asumir el riesgo. Cuando avanzas en la práctica, enfrentas una serie de condiciones y variantes que, si realizas de forma responsable, te conducen a una serie de vivencias inolvidables y te permiten conectarte con otras personas, entornos y escenarios fantásticos.

Te doy un ejemplo, yo soy buzo deportivo. Para poder realizar mis primeras inmersiones, tuve que aprender todo lo que implica el buceo, en este caso, deportivo, que es mi categoría y me permite solo descender hasta 100 pies (30 metros bajo la superficie), con una mezcla de oxígeno y nitrógeno. Entonces conoces el tipo de condiciones que vas a enfrentar, los trajes que debes utilizar, los equipos y demás accesorios, pero, sobre todo, la técnica. Si olvidas un detalle o lo omites, puedes poner tu vida en riesgo. Además de esto, cuando haces la inmersión, estás sujeto a que las condiciones cambien y entonces te puedes confrontar con corrientes, agotamiento de tu disponibilidad de la mezcla en tu tanque, y otra serie de factores. Cualquiera de ellos puede amenazar tu vida si no actúas de forma responsable y precisa. Así mismo, cuando emerges, debes tener un tiempo de reposo en el lugar antes de viajar hasta otro sitio y debes esperar, al menos 24 horas por el tipo de mezcla que utilizas. Cuando entras al agua y comienzas a respirar de tu tanque de buceo el oxígeno combinado con el nitrógeno, este último se fija en tu organismo de forma gradual. Los últimos tejidos que lo retienen son las articulaciones y el cerebro, y en esa misma proporción, son también los últimos en liberarlo. Si, por ejemplo, tomas un avión sin permitir que la mezcla se libere de tu cuerpo en su totalidad, puedes sufrir una serie de lesiones, entre ellas, la más frecuente es que el nitrógeno al cambiar tu cuerpo de altura, produce una porosidad en las articulaciones. Hay diferentes complicaciones si no atiendes los protocolos.

Con base en lo anterior, tenemos entonces dos categorías para adelantar el buceo, una cuando tienes conocimientos, te has entrenado y también has realizado prácticas. Similar al piloto de avión, vas acumulando unas horas de experiencia que te da mejor desempeño, pero no te exime de cometer un error en cualquier momento, si te descuidas o cometes una imprudencia. Ese es el riesgo. En el caso de alguien que sin saber cómo bucear lo intenta de forma irresponsable, entra en una categoría de peligro y puede sufrir lesiones graves o incluso morir.

Para descender a otras profundidades más allá de los 100 pies, requieres otros conocimientos, equipos, mezclas y por supuesto, entrenamiento y práctica. En conclusión, siempre eres potencialmente un aprendiz, listo para ir más allá.

Te preguntarás adónde quiero llegar con esta introducción. Bueno, estar preparado es muy importante, pero no es garantía de nada. Aquellos que, con leer un libro, por ejemplo, se sienten listos para impartir información, pisan territorios peligrosos.

No dominas una actividad porque lees un libro, ni conoces un lugar porque lo ves en fotografías. Tampoco puedes aventurarte a capacitar o formar un equipo de personas sin haber tenido previamente un recorrido que te aporte los elementos para hacerlo. Yo he recogido una serie de conocimientos y experiencias alrededor del mundo durante más de medio siglo trabajando como comunicador social, periodista, escritor y ambientalista. Hoy, sin embargo, continúo siendo un aprendiz, y a pesar de que he sido profesor y coach personal y empresarial, no me considero la última Coca-Cola del desierto, y es así como emprendes una oportunidad cada nuevo día que te amanece. Recuerden a WALT DISNEY, si tienes un sueño en tu corazón y de verdad crees en él, corres el riesgo de que se convierta en realidad.

Para aventurarte a descubrir el mundo y salir a su encuentro es vital que dejes tu zona de confort. Nada sencillo cuando estamos contratados, nos pagan y tenemos una vida rutinaria y tranquila.

Sin embargo, cuando te saturas de todo, porque comienzas a descubrir que no haces lo que verdaderamente te apasiona, comienzas a detonarte. Quizás a enfermarte, y no es una exageración, lo revelan los estudios médicos y las investigaciones en varios lugares del planeta con diferentes grupos humanos. En Japón, por ejemplo, comprendí durante mi permanencia en ese país asiático, que vivir no era tan sencillo para nadie, fuera nacional o visitante temporal o residente. Su cultura difiere mucho de la que estamos a costumbrados a vivir en occidente. Un detalle singular que me llamó la atención poderosamente es que no se tocan. No hay un saludo directo entre dos personas estrechándose la mano, y menos, dándose un abrazo. Nadie invade el espacio vital del otro. Casi ni se hablan. Viven alienados y en unas rutinas aceleradas que los dejan sin energía al final de cada día. Aceptan casi todo y no suelen reaccionar explosivamente como nosotros cuando no estamos de acuerdo con algo o no nos gusta algún tipo de circunstancia. Literalmente, se tragan todo, y eso provoca una situación que va estresando al individuo hasta que su organismo somatiza esa presión, y desarrollan, por ejemplo, diferentes tipos de cánceres en el sistema gástrico. Japón es uno de los países con mayor incidencia en la población. Otros, deciden suicidarse y se lanzan a los viaductos o en las intersecciones de trenes, puentes o metros, por eso es frecuente ver mallas elevadas en estas zonas, para evitar que la gente se arroje, y no exagero. Pueden corroborarlo por ustedes mismos.

A pesar de esto que acabo de mencionar, las gentes de ese país tienen valores maravillosos, una cultura ancestral, un arte, una paciencia, una perseverancia y una disciplina que en oportunidades lo deja a uno sorprendido. Algo que me encantó es su forma de convivir en comunidad. No operan individualmente sino en colectividad, por eso tienen un sentimiento de solidaridad que en esta región del planeta deberíamos aprender y ejercer a diario. Con certeza nos tornaría en mejores ciudadanos y en sociedades más avanzadas.

Si aprendemos a descubrir lo que interiormente nos han dado como dones y comenzamos a exteriorizar ese potencial, nuestras vidas se van a transformar y nuestra capacidad de servicio hacia nuestros hermanos de jornada cósmica aumentará. Ahora bien, decidir y asumir ese que nos comienza a resetear para reaprender y que nos posibilita para desaprender todo eso que hemos adquirido, no es sencillo. No hay manuales para ello. Cada cual escribe su propia bitácora. Es como cuando te lanzas al vacío desde una avioneta en pleno vuelo para completar un salto de paracaídas. Hay vértigo, no sabes qué va a ocurrir porque te desconectas de esa zona de confort de la que hablaba atrás. Ese mismo vértigo se siente cuando uno decide dar el salto hacia una nueva experiencia de vida y decide dejar todo lo demás atrás.

No se trata de un salto insensato.  Es un salto definitivo, claro. Radical, cuando de cambiar tu vida se trata, porque las decisiones que debes tomar no son sencillas. Pero es inevitable confrontar ese vértigo, y la preparación que tengas, no va a ser suficiente para evitar la sensación de que uno se cae y se destroza.

Hoy podemos abarcar grandes territorios de conocimiento e información gracias a la tecnología, y a la disponibilidad de acceso a todo un conglomerado de conocimientos, y no en vano reza el refrán, quien es dueño de la información, es dueño del poder. Sin embargo, no es tan sencillo como parece. Puedes estar sentado sobre la biblioteca de Alejandría, pero si no sabes leer, no te sirve de nada, como tampoco sirve poder acceder a una casi ilimitada información alrededor del mundo si no sabes qué hacer con ella.

Y sin embargo de todo esto que les he dicho, cuando hagas el salto y asumas el riesgo de tu vida, se te darán alas para volar, como reza la expresión de la filosofía Zen. Un don no es algo que descubres a la vuelta de la esquina, tampoco te lo anuncian con bombos y platillos, ni te dirán esto o aquello es lo tuyo. No.

Soy un apasionado de la comida y estoy próximo a lanzar un libro de recetas. Llegar al punto en el cual estoy hoy posicionado frente al tema de los sabores y la forma de cocinar con ese refinamiento y sabiduría de las abuelas me ha tomado medio siglo de vida. Descubriendo primero, que traía la genética para cocinar, es decir las aptitudes, y luego, al lado de mi abuela y de mi madre, encontré el disfrute de cocinar, o, en otras palabras, que tenía la vocación. Esos son los dos rieles por los cuales conduces el tren que te lleva hacia el destino para descubrir tus dones. Así me encontré con el otro, que potencializa todo lo que soy, y que es comunicar.

Muchas veces no lo sabes, ni sueñas que tienen esos talentos, pero las gentes te los irán reconociendo y tu intuición te irá guiando para saber cuáles son. Luego cuando avances hacia tu interior y confirmes que ese poder está dentro de ti, habrás conquistado los primeros logros que te conducen hacia la cumbre del éxito en una o varias actividades.

En el caso particular de la capacidad que poseo para comunicar y conectar las personas, o de mi gusto por la comida y el maravilloso don que tengo para cocinar, vinieron luego los viajes por el mundo y los encuentros con nuevas culturas, sabores, aromas, texturas, combinaciones y un sin número de oportunidades que te van abriendo un panorama universal. Después, retornas por todos esos senderos de aprendizaje, conocimiento y experiencias, y comienzas a realizar el ajuste de tus preferencias y la manera como quieres que una receta se ejecute como una sinfonía de sabor irrepetible, entonces convocas a los tuyos y celebras la vida sin límites. Es fantástico, y creo que todo es así. Sin embargo, lanzarte a opinar, recomendar y ejecutar una receta en caliente, no es sencillo, más cuando tienes frente a ti unos paladares refinados y conocedores de los buenos sabores. Pero ahí estás, y una vez que tomas la decisión y te arriesgas, descubres que esa línea era una de tus vertientes de vida y que un don se te había otorgado. Ahora es comenzar a diseñar cómo lo conviertes en un motor de productividad para tu vida y de servicio para el resto mientras disfrutas el recorrido. Recuerdo aquí a MAHATMA GANDHI, la satisfacción radica en el esfuerzo, no en el logro. El esfuerzo total es una victoria completa.

El ejercicio de aprender a descubrir tus dones no es competir con el otro simplemente para mostrar que puedes, sino enfocarte en el detalle y ver el destello en un poderoso satori que te revelará e iluminará para guiarte por el sendero del éxito. En oportunidades no sueles darle importancia, pero las personas lo ven. Por eso debes estar atento a lo que está ahí, de forma natural. Percibir lo que te permite disfrutar. Establecer cuáles son tus aptitudes y tu vocación.

El don te ayuda a desplegar tu potencial, no es un acto de circo donde los demás te aplauden sino es el mecanismo que te da el poder de mejorar y servir. El descubrimiento de un don se da cuando nos conectamos con nuestro interior, de otra forma no podemos escuchar ni ver la grandeza de este. No lo logras en medio del ruido que produce el mundo. Necesitas de la paz y la soledad que te proporciona el reencontrarte contigo mismo a solas. Por eso considero que el mindfulness te permite conectarte con el concierto interior de la vida y al mismo tiempo silenciar el mundo a tu alrededor, para escuchar la sinfonía organizada de los sonidos que te harán vibrar al unísono con el universo, cerca del ARQUITECTO DE LA VIDA.

Encontrar el don te permite conectar tu dimensión de identidad con tu patria interior. Saber quién eres, más allá de lo que representas socialmente. Intelectualmente. Profesionalmente. Te aseguro que, al hacerlo, experimentas una alegría total.

El anhelo es el ser no el tener. Es despertar del drama. Del dolor del sufrimiento. La vida tiene momentos de subidas y bajadas, pero es un presente maravilloso que si valoras te permite guiar tu existencia por un sendero en donde vas a encontrar lo que puedes hacer y el para qué viniste a este mundo.

Pasas del piloto automático, es decir de una cotidianidad muchas veces errónea, a realizar ese salto, cuando descubres que estás saturado de todo, que no te encuentras contigo mismo. Al pensar que no hay otro mundo diferente al de los estereotipos y las rutinas. Pero existe un momento en el que te confrontas con todo eso que te angustia, que te agobia, que te desgasta. Entonces, te detienes. Paras.  Ahí es cuando se produce el vértigo, porque al desacelerar esa vida, requieres adquirir un balance de nuevo, dirigir tu mirada hacia otros puntos y descubrir esas estrellas que te permiten encontrar la constelación de los sueños y escribir tu nueva carta de navegación con destino hacia tus más nobles anhelos. Alcanzar un estado de paz y armonía que transforma toda tu vida. Desde el funcionamiento de todos tus órganos, tejidos, células, sistemas, estructuras y torrente sanguíneo hasta casi tocar el cielo de tu espiritualidad.

Inspiración y tocar fondo son el tobogán para dar ese salto al vacío que te mueve hacia el cielo de tus sueños. Cuando te lanzas, da miedo, pero pronto despliegas tus alas e inicias el viaje. Te elevas, adquieres confianza. Comienzas a ir lejos, cada vez más alto, y en menos de lo que piensas, estás en la cumbre donde ves traer a la realidad esos sueños que tanto anhelabas.

Entre más años pasan, el salto se torna difícil, pero si aprendes a mirar la realidad de manera diferente y logras encontrar que no eres el único en el viaje, elevas el nivel de conciencia y comienzas a ver donde no mirabas antes. Si quieres cambiar una conducta, no debes pensar si aquello es bueno o malo, lo mejor es dejar que el niño que guarda tu corazón mire con curiosidad y se sorprenda con lo que te gusta y sabes hacer, que muchas veces está oculto porque lo has encarcelado con los estereotipos que vas aprendiendo desde pequeño y que poco a poco reducen tu capacidad maravillosa de utilizar la creatividad. Debes pensar que el riesgo no pesa más que la oportunidad.

Anticiparte es bueno, para llevar la mejor versión de ti a cada momento presente. Traer el futuro es pre-ocuparse de cosas que aún no son ni pasan y que solo imaginas y distorsionas. Ocurre igual cuando le damos trascendencia al pasado que no puedes cambiar.

El miedo extremo puede matar, por eso es vital mantener un equilibrio y vencer esos temores, porque la mente y el cuerpo físico no se pueden separar. Los estados emocionales no controlados, conducen a generar alteraciones en el cuerpo físico.

No tiene tiempo para nada, es lo que escuchas cuando algunos se refieren al éxito, pero no es verdad.

Se requiere una pausa para reencontrarse consigo mismo. Justo cuando no puedas recordar algo, te sientes cansado, tengas sueño, o te tornes irritable, es tiempo de escuchar una música amable. De dar una caminata en medio de la naturaleza; de nadar para entrar en contacto con el agua, que, para mí, es la mejor terapia del mundo y sus alrededores. Es, con certeza, el momento ideal para dedicar unos minutos a ejercitar tu interior con una sesión de mindfulness.

¿Te atreves, o prefieres quedarte en la seguridad de la orilla viendo el poderoso empuje de las olas que le permiten al mar recomenzar a cada instante? Anda, anímate, no te arrepentirás, te lo aseguro.

Texto de RICARDO GIRALDO

Foto de HARVEY CLEMENTS

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