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La Ayuda es una Moneda de Dos Caras Acuñada con la Esencia Humana

Individualmente, somos una gota. Juntos, somos el mar.
RYUNOSUKE SATORO

ROBERT J. WALDINGER, psiquiatra, psicoanalista y sacerdote zen estadounidense afirma, en un aparte de su estudio acerca de la felicidad, que dirigió y realizó con la Universidad de Harvard, que, al contrario de lo que se podría pensar, no se trata de logros profesionales, dinero, ejercicio o una dieta saludable lo que nos permite llegar a la cima de la felicidad. El hallazgo más consistente que hemos aprendido a lo largo de 85 años de estudio es: las relaciones positivas nos mantienen más felices, más saludables y nos ayudan a vivir más tiempo.

Lo afirmado por WALDINGER me lleva a traer de mis recordaciones, una plataforma de entendimiento que nos permite comprender cómo se estructura el pensar y el accionar de un ser humano. Los principios, los valores y las creencias vienen de tres fuentes primarias: tu sociedad (tierra), tu grupo social (lugar de nacimiento) y tu hogar. Cuando conjugas estos tres elementos, adquieres tu carácter y tu forma de obrar. Por eso es vital que tus principios sean la raíz de tu existencia, para que el árbol crezca sano y dé los mejores frutos cuando recojas la cosecha. Tal vez por eso la sabiduría de mi ABUELA entrañable solía decir: árbol que crece torcido, su rama nunca endereza.

Las sociedades y la cultura Latinoamérica nos han llevado históricamente por generaciones de orgullo equivocado a considerar como un “gran lema” que necesitar de otros es una debilidad, lo cual es una lamentable equivocación, ya que, como seres humanos y hermanos de jornada cósmica, nos necesitamos. Somos una unidad. Estamos conectados, y servirnos los unos a los otros nos conduce hacia la cumbre de la máxima expresión que alberga el concepto de felicidad. Así mismo, debemos comprendernos como un presente único e irrepetible del universo y de la DIVINIDAD, cuya grandiosidad nos trajo a esta realidad dimensional a través de este concepto manifiesto de humanidad, compuesta por tres hilachas que la entretejen: cuerpo físico, cuerpo mental-emocional y cuerpo espiritual. Si alguno de estos hilos falta en el tejido, dejamos de ser seres humanos.

¿En alguna oportunidad han reflexionado cuántas veces queremos ofrecer una mano y nuestros servicios a otras personas? Y voy más allá. Si lo han hecho y tienen una respuesta, ¿ha pensado cada uno de ustedes las veces en que ha tenido la osadía de pedir ayuda a otra persona o a otros seres humanos? En ocasiones, salimos a ofrecer esa generosidad, actuamos con bondad. Pero mientras lo hacemos, muchas veces estamos gritando en silencio y clamando por ayuda para nosotros mismos. En realidad, somos una misma moneda acuñada con las dos caras. Tenemos el potencial de ayudar, pero requerimos de ayuda también, y muchas veces, por esos estereotipos tontos que nos han malenseñado en nuestras sociedades y culturas, nos perdemos de la oportunidad para alcanzar el éxito. Solos, les digo en verdad, no conseguimos nada.

No podemos establecer una frontera en el territorio de la ayuda. Tampoco podemos pensar que solos vamos a lograr ser exitosos, al contrario. Nos necesitamos entre todos para apoyarnos e ir más lejos, más alto. Las pequeñas cosas son las responsables de los grandes cambios, afirma PAULO COELHO.

Solo despertamos el potencial de nuestra autenticidad y alcanzamos nuestra libertad interior cuando nos acercamos a nuestra familia, a los amigos, a los compañeros de trabajo y a todos aquellos que se cruzan en nuestro camino a diario, incluso de forma imperceptible, en la tienda de conveniencia, en el supermercado, en el estacionamiento, en la calle, en la estación del metro o en sus vagones, en los trenes, en el avión que abordamos para alcanzar un destino y, en general, en cualquier escenario dende los seres humanos nos congregamos para dar y recibir, a través de un intercambio sin precedentes que nos realiza como personas y profesionales, pero sobre todo, como seres humanos.

Nada ocurre por casualidad lo he afirmado durante mi vida entera, en los apartes de RETORNO INTERIOR, el libro que recientemente escribí y, también, en un sin número de artículos que he publicado. Hay una fuerza que ordena el universo y esa red que constituimos en esta vida es dirigida y guiada por esa inteligencia DIVINA, a quien yo le digo el ARQUITECTO DE LA VIDA. Por eso mismo, solo albergo gratitud en mi corazón por todo lo que llega a mi vida. Las palabras no son elocuentes y decir gracias, no es suficiente. Tal vez lo mejor siempre es utilizar la bondad en nuestras acciones.

La bondad es un sentimiento que florece cuando se ama. Inagotable. Puro. Perfecto. Como DIOS, porque emana de ÉL y está presente en cada uno.

Emprendí, inundado por un indescriptible amor sin límites desde hace varios años, una causa que se ha tornado la bandera de identidad de mi patria interior, y a través de ella he aprendido a escuchar en silencio las negaciones de los seres que amo, de las personas que respeto y de todos aquellos con los que comparto este viaje por el cosmos. No por eso renuncio a mi causa. Ni tampoco emprendo cruzadas de odio y destrucción en contra de quienes me han servido, apoyado y extendido la mano.

Mi corazón solo alberga un sentimiento de gratitud por la vida y por cada instante maravilloso que DIOS me otorga. Mi bodega interior solo guarda recordaciones que proporcionan alegría.

Quienes emprendemos una causa en la vida, estamos sujetos a ser juzgados y condenados por la irracionalidad no solo de quienes no comprenden la dimensión de esta, sino porque, además, en ocasiones, nos vemos expuestos a los tribunales de la incomprensión, el rechazo, los juzgamientos y otra serie de sentimientos humanos por parte de nuestros más cercanos y amados. Nítida en la retina de mi alma, la afirmación de ABRAHAM LINCOLN, no ganaré siempre, pero sí seré fiel a mí mismo. No siempre tendré éxito, pero sí viviré según mis convicciones.

Este es un momento perfecto para renunciar a las emociones banales y abrir el corazón, permitiendo que la luz radiante del universo encienda la esperanza que llevamos dentro y podamos así obtener el combustible de la fortaleza para alcanzar nuestros más nobles anhelos. Para dar y recibir esa ayuda de la cual necesitamos para construirnos como seres humanos y como universo.

Vivimos en un mundo diferente al que DIOS planeó desde el comienzo de los tiempos. Sin embargo, no por eso, ÉL ha fracasado en su empresa, y sigue ejerciendo la bondad con toda la humanidad, a través de su amor, comprensión y justicia.

Entonces, ¿por qué nosotros debemos renunciar a nuestra causa si quienes dicen amarnos nos cuestionan, juzgan, condenan y en ocasiones nos dan la espalda o nos abandonan? Ahí radica la esencia de compartir la semejanza con nuestro CREADOR.

En ese delgado y sutil hilo se encuentra concentrada la razón de la existencia.

Ese imperceptible núcleo articula la fe y mueve el motor que proporciona a nuestro mundo interior la posibilidad de tornarse en un reino. Imposible renunciar a nuestra causa, nos espera un destino común, junto a DIOS. De ahí vinimos, y nuestro retorno está cerca.

Recordé una frase maravillosa: DIOS no me da todo lo que le pido, pero siempre me otorga todo lo que necesito.

En oportunidades no sabemos ejercer la gratitud por esas cosas, muchas veces pequeñas, casi imperceptibles. Otras, infinitamente grandiosas. Pero están ahí. Se materializan a cada instante. De hecho, cargamos con muchas de ellas en nuestro bosque interior para todos lados.

¿Cuántas veces nos detenemos para pensar en lo afortunados que somos por tener unos pies que nos llevan hacia los destinos que nuestra cabeza, nuestro instinto, deciden y eligen?

Tener completo nuestro cuerpo, operacionales todos nuestros sentidos y poseer el privilegio que DIOS nos ha concedido con los dones que nos otorgó, en verdad nos hace ciertamente ricos y poderosos sin límite.

Solo depende de que aprendamos a elegir. A decidir con sabiduría. Y también quizás, a saber, dar y recibir esa ayuda que todos queremos y necesitamos.

Texto de RICARDO GIRALDO

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