Estamos llegando al fin de una civilización, sin tiempo para reflexionar, en la que se ha impuesto una especie de impudor que nos ha llegado a convencer de que la privacidad no existe.
JOSÉ SARAMAGO
Hoy vinieron a la retina del alma y a mi corazón, desde mi bodega interior, un sin número de reflexiones acerca de la discreción, la generosidad, la bondad, la privacidad, la capacidad de ayudar y servir de forma anónima, y el placer de apoyar las causas y las personas sin esperar nada a cambio.
La gente, en medio del vacío que dejan la falta de ternura, de amor, de comprensión y de diálogo, escoge rutas sin salida para aliviar sus penas, sus necesidades y sus frustraciones.
Muchas personas que acumulan la riqueza sin un propósito prefieren rendirle culto temporal, en lugar de ponerla al servicio de sus semejantes y del universo. Otros, en medio de su delirio, se creen superiores a los demás e inician procesos de esclavitud, explotación y engaño para extraer la energía y la bondad de las personas. Son como vampiros sociales que degradan la cohesión, el orden y el respeto; y hay una raza, deformada por dentro, que construye falsos altares y prédicas inútiles para lucrar con el dolor, el sufrimiento y la confusión de los que no ven lejos y caen en la trampa de los falsos dioses que les prometen todo en el marco de una ilusión pasajera, que tristemente los despoja de todo, y los llena de un inmenso vacío.
Hoy, en medio de estas reflexiones durante mi retorno interior, viajo por un sendero que me conduce hacia el santuario donde moran mis más profundos sentimientos de amor, gratitud, servicio y paz. Allí donde una luz enciende mis sentidos y llena la obscuridad más profunda, recordé una frase escrita y pronunciada por DWIGHT EISENHOWER, un pueblo que valora más sus privilegios que sus principios acaba perdiendo ambos. Hemos extraviado la huella que nos transporta hasta la grandeza de nuestros antepasados y su capacidad para amar y servir incondicionalmente. De inmediato recordé las enseñanzas de mi ABUELA y de mi MADRE, la apertura total es un acto de autenticidad que nos puede conducir por un sendero de perdición.
Me explico. Cuando expones tu vida personal, unos te apoyan. Se alegran con cada triunfo, con cada escalón y con la cumbre de ascenso hasta tus sueños. Lo hacen de forma sincera. Pero otros, acumulan dosis de envidia y destilan un veneno peligroso porque ven sus propias frustraciones y fracasos expuestos. Los de esa orilla, estarán en tu contra, en medio de sonrisas y adulaciones hipócritas. Te negarán hasta un vaso de agua y disfrutarán verte rodar cuesta abajo en el momento de alguna caída.
La discreción es una necesidad en esta era de virtualidad y de inmediatez. Proteger la privacidad es un acto de blindaje para mitigar la vulnerabilidad. Es el escudo que nos guarda durante el viaje cuando enfrentamos las tormentas y las dificultades. Compartir información y exponernos sin límites abre portales que amenazan la integridad de nuestra existencia. Ambas acciones se constituyen en los rieles por los cuales viaja la seguridad del tren que transporta tu vida. La inteligencia no es solo guardar conocimientos, sino discernir qué guardas y qué revelas. En últimas, estamos hablando de un arte que administrado con sabiduría se convierte en tu estrategia de protección. La privacidad es una fortaleza donde florecen los sueños y los anhelos.
En un mundo como el actual, la privacidad y la discreción son tesoros invaluables que debes guardar con recelo. Imagina un diamante o un zafiro de excepcional singularidad. Ninguno, a pesar de su valor material, alcanzaría ni a una millonésima del que representan los conceptos que te acabo de mencionar.
Ni los temas familiares, ni financieros, ni personales, ni aquellos que guardan la belleza de tus relaciones con las personas que amas deben ser expuestos ni compartidos de forma abierta. Tampoco los planes que diseñas ni los proyectos en los cuales trabajas.
Dirás a estas alturas del texto, pero ¿qué se trae este sujeto? Bueno, las personas con las cuales interactúas a diario en tus diferentes escenarios personales y profesionales, no siempre alcanzan un nivel de confiabilidad y de lealtad como el que puedes tú ofrecer.
Entonces, al exponer estos temas que te menciono, acerca de tu vida, te expones y abres puertas por las cuales se pueden colar la envidia, los celos, los estafadores y un grupo, el más peligro, conformado por lo que yo denomino los verdugos sociales. Esos últimos te juzgarán y crearán imágenes erróneas de ti. Te condenarán y serán los ejecutores del veredicto. Entonces, lo que quiero decirte no es que escondas quién eres, sino que aprendas a elegir con refinamiento las personas con las cuales compartes la información acerca de tu vida, pues ella se constituye en un templo de belleza excepcional, y si lo abres a los mercaderes de la vida, saquearán todo lo hermoso que llevas dentro. Como parásitos de oportunidad. Sin piedad ni misericordia, y una vez causado el daño, muchas veces este es irreparable.
Cuando revelas tus planes antes de tiempo, esto produce una afectación en el desarrollo de los mismos. Muchas veces se atrasan o, incluso, se interrumpen. La opinión ajena pesa más de lo que debería. Cuando abres el recinto de tu vida privada, inocentemente, invitas muchas energías. Unas por supuesto, muy buenas, pero también como en las fiestas paganas, ingresan otras malas y tóxicas. Un sin número de las dos últimas, transportan sus debilidades y la envidia te impactará inevitablemente. Los que te aman en verdad ven tu ascensión como un logro para celebrar. Los demás, como una frustración que deben eliminar y dañar, cuando sin querer y por confiar de manera indiscriminada en terceros, expones una información que luego es traicionada y utilizada en tu contra.
Sorprende al mundo cuando todo esté listo, no antes. Aléjate del ruido que hay a tu alrededor. Tus acciones hablan más alto que tus palabras, cuando trabajas en silencio. Los planes que diseñas son el viento que empuja las velas de tu barco. Floreces en el momento, no antes. Para llegar al punto de cosecha, debes primero recorrer un sendero de espera. Una ruta de amarga paciencia, pero con certeza, los frutos que te ofrece, representan el elíxir y el dulce sabor de la vida. Proteger tus planes y mantenerlos en secreto, de forma privada y con el sigilo de la discreción en cada acto que ejecutas, es cuidar tu viaje hacia el éxito.
Compartir tus proyectos, los emprendimientos y parte de las estrategias que utilizas, así como las angustias o los fracasos, puede aliviar emocionalmente, pero en oportunidades la percepción por parte de otros puede ser errónea y malinterpretada. Lo recomendable es analizar cuidadosamente los escenarios, ajustar tu carta de navegación de forma sigilosa y en el marco de una atmósfera confidencial para que te distancies del juicio público. Cuando haces esto obras con el poder de la fe.
No expongas tu vida familiar ni personal. Evita compartirla de forma abierta. Sé cuidadoso. Igual con los temas de salud. Mantén reservada esa información para que guardes tu dignidad en un nivel de santuario. No la compartas, así mantendrás un balance en tu vida, de lo contrario, serás víctima de juzgamientos y caerás en el territorio de la calumnia, la difamación y los comentarios malintencionados, morbosos y perversos.
Tu vida personal es parte de ese tesoro que posees y que expuesto a los ojos públicos abre la oportunidad para el saqueo, los malos consejos y una serie de situaciones asociadas que tornan los hechos en una cadena que termina atrapándote y en oportunidades, llevándote a un fondo oscuro y doloroso puesto que pocos son los que están dispuestos a abrazarte de verdad, a extenderte la mano para evitar que caigas por el filo del abismo, a darte lo mejor de ellos(as) para ayudar en los procesos de restauración hasta que estés listo para volar de nuevo.
Utiliza el amor propio para poder manejar tus relaciones con las personas y con el entorno. Esa actitud te abre el sendero hacia la cumbre donde puedes retornar interiormente. Comprenderás más y mejor la dimensión humana, y entonces, podrás utilizar la fortaleza y sabiduría, que llevas dentro, en cada uno de los procesos que adelantas. Así entonces, inicia un proceso que te da una imagen de respetabilidad y puedes obrar de forma considerada, ética, respetuosa y generosa en cada uno de los diálogos y puentes de comunicación que construyes con tus hermanos de jornada, promoviendo un ambiente de comprensión, entendimiento y prosperidad, que abre senderos de abundancia universal y que traen a tu vida un caudal de bienestar y calidad de vida irrepetibles e imparables.
Las buenas acciones, que constituyen nuestros actos de generosidad, hilan una red de bondad y compasión, que son el puente hacia el amor sin límites, el cual lleva luz a los sitios más recónditos de la existencia humana y de la obscuridad que reposa en varios rincones del mundo. Lo auténtico y verdaderamente significativo de esto, no es la búsqueda de aplausos y reconocimientos, sino la sinceridad con la cual son realizados. Cuando revelas tus buenas acciones, destruyes su incalculable valor, tornando en baratijas los más hermosos sentimientos que reposan en tu corazón.
La generosidad tiene como aliada principal a la discreción. Eso es lo que le da el sentido a tu acción de servicio. Que no la conozcan. No se trata de que te vean ayudando sino de que sirvas con amor para contribuir a la grandeza del universo. La generosidad va de la mano con la discreción. Este enfoque preserva la dignidad de quienes reciben tu ayuda evitando que se sientan en deuda contigo o que sean expuestos, y le otorga autenticidad a tu acción, porque emana de un verdadero sentimiento por hacer el bien. Eso aumenta la belleza de tu existencia, al tener la certeza de que lograste ayudar en secreto a una persona o a una causa sin esperar nada a cambio. Ni siquiera el reconocimiento por vanidad. Esa conducta es la que te permite alcanzar un estado de equilibrio y bienestar contigo mismo.
En el anonimato florecen la grandeza de la vida y el respeto por los principios, que son los pilares que sostienen la lealtad. Esa que muchos traicionan al primer destello del descarrilamiento, del error, juzgándote sin piedad y condenándote con placer mórbido para garantizar las propias miserias escondidas en el alma perversa que llevan dentro y que venden como baratijas de cobre bañado en oro frente a los ojos de los demás, e incluso de ti mismo.
Cuando se administra poder es vital encaminarlo hacia el servicio. Los seres humanos tienden a pensar que, al ser privilegiados con este, pueden hacer lo que quieran y eso es un error. Tanto el acceso al poder como a los bienes materiales y a todo lo que en este mundo terrenal existe es prestado y temporal.
En los escenarios de las actuales sociedades existe un gran escepticismo frente a las verdaderas intenciones derivadas de las buenas acciones. Elegir la discreción es un acto de nobleza y valentía contra el argumento de que la generosidad necesita ser vista para ser validada. Algunos, en cambio de extender la mano a su prójimo para descubrir cómo funciona la alegría de compartir, se encierran en sus pequeños y limitados mundos para vigilar sus trofeos y acumulaciones. Hacen fiestas paganas en cambio de celebrar la vida. Fijan la mirada en el suelo en vez de ver el reflejo de la grandiosidad en el rostro del otro.
Reservar en el anonimato nuestra ayuda y servicio a los demás preserva la pureza sobre lo que implica ayudar, y entonces damos sentido al verdadero significado de este concepto que nos acerca a la grandeza del universo, redefiniéndolo como un compromiso auténtico con el bienestar del prójimo y una capacidad para ejercer la bondad y la compasión con nuestros hermanos de jornada cósmica. Recuerdo a HENRY DAVID THOREAU cuando afirmaba que la bondad es la única inversión que nunca falla.
Y es justamente porque la bondad es un sentimiento que florece cuando se ama. Inagotable. Puro. Perfecto. Como DIOS, porque emana de ÉL y está presente en cada uno. Los manantiales de este elíxir escasean en la actualidad. Se encuentran como pequeños oasis depositados en el corazón de algunos pocos legionarios épicos de un otrora ejército de guerreros de luz sentados a la diestra del ARQUITECTO DE LA VIDA, cuya misión ha sido, y será, atender las necesidades y oportunidades de cada ser humano, providenciando un servicio constante y ofreciendo alivio ante cualquier síntoma de sufrimiento. Sirven a una causa: el amor y el bienestar de todos para garantizar el equilibrio de la comunidad cósmica.
Hoy la mayoría del resto sirven a sus propios intereses, pasan por encima de su prójimo esparciendo egoísmo y sembrando semillas de dolor, en esa misma Tierra que con amor y sabiduría fundó DIOS, el ARQUITECTO DE LA VIDA, desde el comienzo de los tiempos, a través de sus diferentes creaciones, en las cuales Su Luz radiante ha brillado para que ocurra el milagro de la vida sin cesar.
Bondad es sinónimo de DIOS porque quien la ejerce, ama a su Creador y todo lo que ÉL ha hecho.
¿Te has preguntado cuántas veces ejerces la bondad con tus semejantes? Mientras más rápido ejecutes una acción que encamine el poder de la bondad y cuanto más sea ejercida por tu propia y espontánea voluntad, más sintonía alcanzarás con la DIVINIDAD, y un caudal de prosperidad inundará tu vida llenándola de alegría, esplendor y bienestar, aquí y ahora.
No es fácil. Te lo digo con sinceridad. Si no tienes coraje, no eres valiente y no estás dispuesto a renunciar a lo efímero, mejor quédate en tu espacio limitado, drogándote con las ilusiones banales que emanan de lo material e insignificante.
Pero si, por el contrario, tienes un sentimiento de fe y esperanza. Si tu corazón está iluminado interiormente y quieres transbordar esa luz a tu alrededor para llenar tus espacios con amor y ejercer el poder de la bondad, zarpa ahora mismo amigo(a). Te esperan viajes fantásticos y satisfacciones inmensas en cada puerto para que tu bodega interior se colme de recordaciones y tu vida florezca en todos los sentidos posibles.
DIOS es tu norte, y tu carta de navegación está inspirada por tu capacidad, tus dones y la llama eterna que gobierna tu espíritu milenario. Navega y ve más allá del tiempo. Trasciende las barreras de lo limitado y elije ser rey de tu propia vida, aportando servicio incondicional a tus hermanos de jornada, belleza y equilibrio a la Creación del ARQUITECTO DE LA VIDA. Tu verdadero hogar y el refugio más seguro para restaurar tu alma. Confía en tus instintos. Emprende el vuelo, cada vez más alto. Más seguro. Más lejos.
Hazlo ahora. No pierdas tu limitado tiempo de vida física. Tienes el boleto en tu interior, úsalo y aborda ahora con destino hacia el amor sin límites para que tornes tu espíritu inmortal en un sol resplandeciente que brille para siempre.
Mi lenguaje se tornó universal y me convertí en un conector de gentes. Aunque algunos hagan ruido a mi lado, siempre quiero estar en sintonía. Comunico vida y esperanza. Oportunidad para renacer. Amor y servicio. Ayuda y apoyo a quien lo necesite. Mi mundo interior no tiene fronteras, ¿y el tuyo?
Texto de RICARDO GIRALDO
Foto de LUIS QUINTERO

