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La Tierra no la Heredamos de Nuestros Padres, la Pedimos Prestada de Nuestros Hijos

Solo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado y el último pez atrapado,
te darás cuenta que no puedes comer dinero.
PROVERBIO INDOAMERICANO

Traigo aquí y ahora, desde mi bodega interior, maravillosas recordaciones de mi infancia. En esas imágenes nítidas que me revela la retina del alma, voy acompañado por mi MADRE y guiado por su amor incondicional en los emprendimientos que ella realizaba en la finca. El tiempo pasó y poco a poco nos fuimos distanciando del entorno rural y concentramos más nuestra dinámica en la ciudad. Era inevitable, con la aceleración del mundo, de los compromisos y de tantos otros asuntos que requieren a veces, estar en el contexto urbano.

Ya no despierto más con el canto de las aves, ni me dejo sorprender con esos verdes entrelazados que dibujaban obras de arte creadas por la naturaleza y materializadas en paisajes esplendorosos durante los amaneceres y en las puestas de sol inolvidables. Estas últimas, las que más amo, porque tengo vida de murciélago y no madrugo tanto.

Muchas lunas han pasado y durante mis recorridos en el tren de la vida y sus innumerables paradas por las estaciones que nos depara el universo, comencé a exteriorizar toda aquella belleza interiorizada a través del contacto con la naturaleza. Con la vida. Cuántas imágenes, aromas, sabores, texturas y sonidos se fueron grabando en la banda sonora de mi existencia a través de ese incalculable valor que sustenta la vida en el planeta, sus bosques, montañas, planicies, mares. Cada una de estas categorías, explorada, recorrida, navegada, descubierta bajo la superficie y contemplada en cada momento irrepetible durante mis viajes por los senderos, los ríos y los mares donde se revelan la belleza y la riqueza de cada lugar. De cada escenario. Es, tal vez, como asomarse a los días de la creación. Cuando todo se ordenaba y el caos se diluía por la Voluntad de la DIVINIDAD para dar paso a un nuevo orden universal y tener en la TIERRA, el privilegio de distinguir el día y la noche. Sencillo y elemental, pero profundo y complejo.

Esta semana señala un día en el que celebramos el día mundial del ambiente, es decir de la diversidad natural, cultural y económica que resulta de la dinámica entre la relación del ser humano con la naturaleza.

Luego de una serie de procesos erróneos generados por las actividades de las personas, las empresas y las naciones a lo largo de varias décadas en las diferentes regiones del mundo, que demandan recursos y materias primas para generar productos y servicios, muchas veces innecesarios y absolutamente desconsiderados con el equilibrio de la vida, comenzamos a confrontarnos con una serie de problemáticas que nos pusieron de frente con una realidad, y es que todas esas fronteras de belleza y esplendor, y de las cuales subsistimos, están retrocediendo por casusa de la ambición desmedida de todos sin excepción. Caímos en un cotidiano de despilfarro, de gasto extremo de cada recurso esencial para la vida y nosotros mismos nos encargamos de convertirnos en nuestra propia amenaza para la permanencia en el planeta. Qué paradoja más absurda, cuando nuestra labor es la de aprovechar sí, todo eso que se nos ha dado, pero de forma equilibrada, respetuosa, responsable y organizada.

Hace más de tres décadas fui oficial de información para la famosa e inolvidable CUMBRE DE LA TIERRA, convocada por las Naciones Unidas en 1989 pero cuyo cierre ocurrió en Rio de Janeiro, Brasil, en junio de 1992, justamente durante el mes en que celebramos el día mundial del medio ambiente. Luego de una declaración de  principios universales, de todas las agendas concertadas, los convenios marco y las convenciones adheridas por la inmensa mayoría de mandatarios del mundo, que posteriormente fue ratificada por los respectivos parlamentos de cada país, hoy, en cambio de haber avanzado por una ruta de construcción hacia el sostenimiento y equilibrio de nuestra propia plataforma de vida, continuamos en una caída sin freno cuesta abajo por un precipicio que cada día deteriora los sistemas naturales y amenaza la existencia de todos, en los cuatro puntos cardinales del planeta.

Tuve la oportunidad de compartir hace mucho tiempo un encuentro con JACQUES-YVES COUSTEAU, ¿lo recuerdan? El ser humano de las profundidades oceánicas y las expediciones marinas y submarinas que transformó el concepto de abordar ese universo bajo la superficie y con el cual me apasioné también desde muy niño; él durante nuestra conversación me dijo algo que nunca he olvidado y que es motivo de reflexión desde entonces, tierra y agua, los dos fluidos esenciales de los cuales depende la naturaleza, se han convertido en botes de basura.

Nuestra sociedad, como tantas otras de América Latina y el resto del mundo ha perdido sus líderes. En cambio, han surgido una horda de falsos profetas que se muestran como los guías, pero en verdad, tras su apariencia, buenos modales y palabras engañosas se esconde una amenaza latente para todos aquellos que no tienen la capacidad de discernir ni de ver más allá.

Hoy la falsa justicia se impone ante la verdadera. Los falsos testimonios ante los principios y la honestidad.

El mundo es, un pobre poema como nos habla el cantor en su inolvidable canción. Diferentes regiones han sido devastadas. Podría decirse que han desaparecido, junto con la riqueza natural de sus especies de flora y fauna. En eso han quedado los millones de dólares, la burocracia y las reiteradas reuniones mundiales durante lustros, más de 7, posteriores a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, con agendas de papel en las cuales se dice y proyecta mucho, pero al momento de realizar los balances y las cuentas, el déficit va en aumento. Uno peligroso, porque ya no hay punto de reversa, y frente a una población creciente y una demanda imparable de recursos para vivir, o subsistir, y producir bienes y servicios, ya ningún rincón de la naturaleza da abasto y, por el contrario, empieza a pasar las facturas por no haberle permitido un receso o unas vacaciones a ese entorno que tantos dicen amar y respetar. ¿Cuántas naciones hoy permiten al suelo descansar? Hordas de seres humanos, como búfalos en estampida, van de un lado para el otro con los afanes del progreso. De la tecnología. De los transportes veloces.

No ven ni oyen. Tampoco comprenden porque van a un ritmo tan acelerado que no les permite detenerse en la belleza de las cosas. Los seres humanos, abandonan la tierra y su generosidad, por el egoísmo y la ambición.

Dejan su morada interior para embriagarse con el mundo. Pierden su ruta de retorno, y aquel estado maravilloso del amor sin límites. Cambian la inmensidad de su riqueza interior por las baratijas que brillan en el exterior. Alucinados, dejan el territorio de la cordura y la sensatez para sumergirse en las arenas movedizas de lo material.

La desmedida sed y hambre de los empresarios y la población solo toman, pero no agradecen ni esperan con dedicación para la restauración. Los ciclos de la vida están agotados, y cansados. El planeta, agobiado por los excesos pide cordura y equilibrio.

Y todo esto ¿qué significa? dirán ustedes. ¿Es un llamado de atención, una reprimenda, una advertencia, o un mensaje de esperanza y oportunidad? Considero que un poco de todos.

Nuestra responsabilidad es ineludible y las trasformaciones no se dan desde los estados ni los gobiernos, menos actuales que ya no abundan, sino escasean. Entonces, ese compromiso debe aflorar en nuestro corazón, emerger desde nuestro interior hacia todos aquellos que nos rodean y comenzar un camino de reeducación desaprendiendo todos aquellos vicios erróneos de comportamiento en los que pensamos que todo nos pertenece y que podemos hacer uso ilimitado de los recursos sin consecuencias, y me refiero en particular a la vida. A la naturaleza, y a todo su contenido aun indescifrable para el ser humano y que gradualmente ha perdido y continúa perdiendo, sin haber tenido la oportunidad de descubrirlo e interpretarlo.

¿De dónde creen ustedes que provienen las bases para los medicamentos que nos curan, de los alimentos que a diario llegan a nuestra mesa para atender nuestras necesidades, de los materiales con los cuales nos vestimos y fabricamos toda la interminable lista de objetos y servicios de los cuales nos servimos a diario para adelantar nuestras actividades personales y profesionales? Pero, sobre todo, de ¿dónde proviene el agua? Digo aquí con SAINT EXÚPERY, autor de EL PRINCIPITO, el agua no es necesaria para la vida, es la vida misma.

Los invito para que acudan al concierto de la naturaleza y celebren la vida conmigo. No pueden postergar más ese compromiso, que debemos ejercer en el marco del respeto, la consideración y la utilización sabia de toda esta riqueza que se nos ha concedido, para que junto con los dones que hemos recibido, generemos una alianza estratégica, equilibrada y de bienestar para ambas orillas. ALBERT EINSTEIN afirmó en una oportunidad que la Tierra no la heredamos de nuestros padres, la pedimos prestada de nuestros hijos, en otras palabras, cada acto de abuso que cometemos hoy de forma desenfrenada con nuestro entorno, roba de nuestras generaciones futuras la oportunidad para vivir y disfrutar de unas condiciones óptimas en medio de un aire respirable, un agua limpia y un planeta lleno de esplendor en sus diferentes escenarios naturales

Texto de RICARDO GIRALDO

Foto de JOSHUA WELCH

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