Gracias Madre, por ser ternura, fuerza y fe.
Gracias por tu amor sin límites que trasciende todo.
Hoy mi corazón se llena de gratitud al celebrar los 82 años de mi madre. Su vida es ejemplo de fortaleza imbatible, de ternura infinita y de un amor que trasciende cualquier límite.
Ella ha sido raíz donde brota mi esperanza, luz en los días difíciles, bálsamo y abrazo eterno que enlaza mi alma con la suya. Su alma ha transformado el dolor en enseñanza y la fragilidad en fortaleza. Su vida me recuerda que el amor no tiene límites, que trasciende el tiempo y que nos envuelve en la certeza de que somos uno con la creación.
Su vida me ha mostrado que el verdadero amor no conoce fronteras, que se sobrepone al tiempo y que, cuando nace del corazón, se convierte en un puente hacia lo divino y lo humano. Su existencia ha sido un canto de amor y un océano de ternura que me conecta al universo y a Dios.
En sus ojos he visto reflejada la esperanza, en sus silencios he encontrado paz, y en su abrazo he sentido la eternidad. Aquí y ahora, celebro su vida, su presencia y su legado, que permanecerán para siempre como huella luminosa en mi camino.
Hoy mi alma se eleva en sintonía universal con la certeza de que su amor es eterno y que, más allá de los días, seguirá iluminando mi camino.
Su amor es la llama que nunca se extingue, la raíz que me sostiene y la luz que me guía.
Hoy no celebro solo a mi madre, sino al misterio mismo del amor materno: esa fuerza universal que sostiene la vida, que vence al dolor y que ilumina al mundo entero con su ternura infinita.
Texto e imagen digital de RICARDO GIRALDO

