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Observa con los Ojos del Alma para Escribir la Banda Sonora de Tu Vida

Es a fuerza de observación y reflexión que uno encuentra un camino.
CLAUDE MONET

Ver y observar. Parecen lo mismo, pero no es así. Ver es la capacidad de utilizar nuestro sentido de la visión, pero observar es un mecanismo que conecta nuestro interior con el mundo y el universo, y nos permite detenernos en la belleza y la grandiosidad de los detalles. Es contemplar, descubrir. La palabra viene del latín observare que significa «mirar con atención». ¿Lo hacemos con frecuencia, o simplemente seguimos de largo?

Cuando nos detenemos en los procesos de observación, además de ejercer nuestra capacidad para reflexionar, dinamizamos la intuición. Las formas, los colores, los contrastes, las texturas, toman un sentido profundo. Si nos dejamos sorprender, nuestra creatividad traerá ideas y pronto estaremos dando respuesta a muchos interrogantes. Soluciones a nuestros proyectos. Respuesta a todo aquello que inquieta nuestra mente y nuestro corazón.

Observar nos conecta con el flujo del universo. Con el caudal de maravillas que nos rodean, y que, en oportunidades, por la prisa de lo cotidiano no percibimos.

El lenguaje de lo que logramos a través de la observación nos sintoniza con la vida misma. Es un puente que nos permite atravesar hasta la orilla donde reposan nuestros anhelos. Es el combustible para encender la estrella de cada uno de nuestros sueños en esa constelación que algunas veces sale de nuestro radar, porque no abrimos los espacios, para simplemente observar lo que hay frente a nosotros, a nuestro alrededor y más allá.

Los seres humanos tenemos la capacidad de dialogar con el mundo y el universo a través del lenguaje, pero este no es solamente el que hablamos, sino el que escribimos en el alma a través de los sentidos. Estos, nos dan una perspectiva más amplia de lo que somos en realidad, de la misión que vinimos a cumplir y de la inmensa capacidad que poseemos para servir y amar sin límites, ejerciendo un papel de cocreadores del universo con nuestras acciones. Así que, si no te has detenido a observar, hazlo ahora. Inicia el viaje para que transformes la manera de ver tu entorno. Comienza a escribir tu bitácora de vida. Plasma la belleza de lo que observas y conviértelo en la poesía de tus acciones.

El contemplar un atardecer, por ejemplo, es la oportunidad de encontrarnos con una experiencia que nos empuja a descubrir la belleza que lo compone. Es una sinfonía de colores para ti. En ese momento. El próximo será diferente. Cada uno es una obra de arte imposible de copiar. Tampoco podrás verla de nuevo, porque una vez que transcurre un atardecer, un amanecer, no volverás a ver uno igual al día siguiente. Solo si lo grabas en la retina del alma se tornará inmortal y podrás traerlo de tu bodega interior, las veces que quieras, para escribir los acordes musicales de la banda sonora de tu vida.

En un atardecer puedes ver más allá, si te detienes. Si tomas tiempo. Si permites que tu corazón baje el ritmo para vibrar imperceptible en sintonía con el cosmos. Si te dejas seducir por su belleza y esplendor. Por la forma en que los colores se entretejen en la inmensidad del cielo, al filo del horizonte. Verás entonces el reflejo de las nubes y surgirán formas épicas nunca antes vistas. Podrás encontrar los delicados sombreados que el sol traza a lo lejos en el horizonte y en un parpadear estarás conectado con tu esencia, y el poder de tu espíritu inmortal trabajará para que plasmes en la realidad material, la belleza de la vida. Aquí y ahora. Para siempre, y como afirmó alguna vez PABLO NERUDA, estoy mirando, oyendo, con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra, y con las dos mitades del alma miro el mundo.

Así mismo, durante el ejercicio de observación, puedes analizar cómo percibe ese mismo paisaje o detalle, alguien más alto o más bajo que tú, desde otro escenario planetario y con un idioma, costumbres y valores diferentes a los tuyos. Es una forma de extraer la riqueza que llevas en tu interior. De darle alas a tu imaginación para que vuele por las cumbres de la creatividad y le proporcione más valor agregado a tu existencia.

Cada vez que repites el ejercicio, frente a todo aquello que hila tu cotidianidad, comienzas a iluminarte con los destellos singulares y sencillos de la vida. Con el fin de ese letargo que te aliena, inicia la interpretación de “tu” realidad. Comprendes el por qué, de muchas cosas, y ves revelado aquello que, en oportunidades, permanece oculto para quien no utiliza su capacidad y sensibilidad con los sentidos que lo conectan al mundo. Descubres tu esencia y comprendes cuál es tu función en el sutil tejido universal.

Cuando observas, pasas de mirar todo con ojos de futuro y te encuentras de frente con el presente. El tiempo comienza a tener un verdadero significado y un valor incalculable. Sin importar cuáles son tus preferencias o los dones que posees y de todo aquello que realizas a diario, en el trabajo o en tu vida personal, existe una forma de vivir tu vida de manera creativa y artística.

Piensa por un instante que eres un ingeniero civil, y entonces, podrás verte como alguien que ofrece una forma de conectividad, equilibrio, y una sensación de orden al mundo, porque facilita la comunicación a través de vías y puentes, y de la movilidad ordenada de las personas en edificios, centros comerciales y lugares de recreación, donde pueden practicar un deporte, o encontrarse con otros para compartir y celebrar la vida.

Ahora mira lo que haces y observa todo lo que puedes construir para ti y para el resto de tus compañeros de jornada cósmica. Descubrirás que en eso que realizas hay un sentido profundo de tu existencia y que parte de todo lo que sabes hacer, lo que te gusta, y aquello para lo cual posees unas habilidades excepcionales, te habilita para contribuir a generar un bienestar común. A través de tu capacidad de servicio y el poder de tus dones se mueve el tren de lo que te realiza en la vida. De aquello que te lleva al éxito personal y profesional, y que, de cierta manera, te convierte en una leyenda inmortal.

JACQUES YVES COUSTEAU, el expedicionario de los mares y los océanos en la superficie y sus profundidades dijo, después de todo, ¿qué es un científico entonces? Es un hombre curioso que mira a través del ojo de una cerradura, … la cerradura de la naturaleza, tratando de saber qué es lo que sucede.

Permite que tu creatividad fluya como un caudal de prosperidad para que des de beber con ese manantial a quienes comparten tu vida personal o profesional. Los demás comenzarán a ver el artista que eres, y pronto ellos también habrán encontrado inspiración en ti para fluir como ríos tributarios, y juntos tornaran en un solo caudal de poesía y belleza las actividades que antes parecían monótonas, y tal vez, aburridas y sin sentido. Es el sendero hacia la cumbre del éxito de individuos y organizaciones. Tú puedes ser el catalizador de todos esos elementos, que sueltos no parecen tener sentido, pero que, conjugados e integrados con un propósito, aportan el mejor valor agregado de cada uno para componer una sinfonía de oportunidad y de vida en cualquier lugar, bajo cualquier condición.

Recuerden a JOE NAVARRO, aquél americano de origen cubano, agente retirado del FBI y autoridad en el campo de la comunicación no verbal, la observación es como un músculo. Se fortalece con el uso y se atrofia sin él… Ejercita tu músculo de observación y te convertirás en un decodificador poderoso del mundo que te rodea.

Texto de RICARDO GIRALDO

Foto de MATHEUS BERTELLI

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