Nunca hubo un corazón realmente grande y generoso,
que no fuese también tierno y compasivo
ROBERT FROST
Cuántas veces nos preguntamos acerca del concepto TERNURA, y de las posibilidades ilimitadas de aplicar su definición en diferentes momentos y escenarios de nuestra vida. De la capacidad que tenemos para ejercerla. En oportunidades olvidamos su poder para establecer lazos.
La TERNURA no es otra cosa que un sentimiento de amor entrañable que llevamos dentro, pero que, sobre todo, alcanzamos cuando una persona o un lugar se nos enreda en el alma. Ese mismo sentir nos permite comprender un grito en medio del silencio. Abrir nuestros oídos no solo para oír, sino para escuchar los susurros del alma que emanan de alguien que está a nuestro alrededor, y que busca conectarse con nosotros para que pueda también, con nuestro apoyo, entrar en sintonía con el cosmos y armonizar las notas que brotan de su corazón.
Todo lo recibimos cuando somos pequeños. Nuestros principios, los sentimientos de amor y comprensión. La TERNURA. La generosidad. El abrazo cálido, esencial e incondicional. Las palabras de aliento. Todo, lo que florece hoy en nuestras vidas. Ahora. Aquí.
Nuestros padres, pero en particular, nuestra madre entrega tanto amor, bondad y TERNURA por sus hijos, que la vida misma sería poca para celebrar la gratitud hacia ella, y hacia el ARQUITECTO DE LA VIDA por lo que nos ha otorgado. Amor de madre solo hay uno. Es eterno e incondicional. Por eso, las madres se parecen a Dios.
Solo podemos ofrecer TERNURA cuando la hemos recibido. Parte de nuestros procesos de exteriorización de todo aquello que reposa en nuestro interior y que hemos ido interiorizando desde que somos niños emerge cuando iniciamos nuestros procesos de enlace con los demás seres de jornada cósmica. En el colegio, en la universidad, en el trabajo, en la calle, en un centro comercial, en todos y cada uno de los lugares adonde acudimos y en los escenarios donde nos encontramos. TERNURA no es sinónimo de debilidad, al contrario, es una de las fortalezas que nos permite relacionarnos con nuestros semejantes. Es un sendero hacia la cumbre de la amistad. Dijo CICERÓN en una oportunidad: la amistad es un acuerdo perfecto de los sentimientos de cosas humanas y divinas, unidas a la bondad y a una mutua ternura.
Por estos días recientes de la humanidad, la TERNURA se ha vaciado de las bodegas interiores en los seres humanos y los segundos maravillosos de vida transcurren inútiles para las grandes mayorías. Por eso tantas sociedades fracasan en los cuatro puntos cardinales. En parte porque eliminan y bloquean este maravilloso sentimiento en los procesos de educación, que deberían afinar su manejo y potenciarlo para que cada vez nos tornáramos mejores seres humanos en nuestros desempeños personales y profesionales. No lo pudo haber afirmado con mayor claridad JOSÉ ANTONIO MARINA: el niño necesita tres cosas: ternura, disciplina y comunicación.
El hogar y la empresa. Ambos, constituyen territorios fértiles para sembrar bosques de TERNURA con la participación activa de cada uno y de todos en función de nuestro futuro común.
La gente, en medio de ese vacío que dejan la falta de TERNURA, de amor, de comprensión y de diálogo, escoge rutas sin salida para aliviar sus penas, sus necesidades y sus frustraciones. Esos caminos casi siempre desembocan en circunstancias lamentables. Sin embargo, si permitimos que nuestra luz interior brille con fuerza y poder, y la dejamos ascender desde el fondo de nuestro corazón para que se refleje en el exterior, seremos capaces de dar y compartir sin medida. Esto nos permitirá ejercer entonces la bondad, que va muy de la mano con la TERNURA.
Estoy ávido por compartir y continuar mi sendero hacia las rutas del amor sin límites. Viajo interiormente hacia la cumbre de la Amistad y busco el encuentro con cada hermano de jornada cósmica para que juntos podamos sumergirnos en un caudal de TERNURA y aliviar nuestras penas, nuestros sufrimientos, nuestras frustraciones, pero más allá de todo eso, para que juntos seamos capaces de superar los retos que nos permitan alcanzar nuestros más nobles anhelos y traer a la realidad cada uno de los sueños que tenemos para nuestra vida y la de todos aquellos que amamos.
Te invito a ejercer la TERNURA por las rutas que transitas a diario. Si lo haces, verás cómo, poco a poco, irás construyendo una atmósfera que atraerá muchos como tú y pronto formarán un ejército invencible de servicio, ingresarás a la fiesta de la vida y entonces, podremos celebrarla juntos.
Si los seres humanos aplicáramos la simplicidad, todo sería un nuevo despertar. Un sendero de esplendor para el espíritu. Serviríamos para curar. Viviríamos para amar. Cada palabra y acción se tornarían en gotas que aumentarían el caudal de TERNURA y generosidad que esta y otras sociedades requieren con urgencia.
Qué fantástico se torna el viaje cuando descubrimos la grandeza de la vida y de las relaciones que construyen nuestro verdadero hogar. Ese que no requiere de paredes, ni de lugares, sino que está siempre en nuestro corazón. Ese mismo que va apareciendo a medida que nuestras jornadas se van haciendo más largas, donde los detalles que teje la red de enlaces con los seres que amamos nos revelan el sentido del amor sin límites. De la TERNURA. De la bondad. De la verdadera esencia universal.
¿Existe algún milagro mayor que el de la vida?
¿Un don superior al de la salud?
¿Algo más significativo que compartir con los seres amados ese escenario?
¿El haber construido un hogar en nuestra patria interior por causa de los lazos de TERNURA y las relaciones de amor con nuestros padres y hermanos de jornada cósmica?
Seguramente no faltará aquél que diga que necesita algo más…
Te digo hoy amigo, amiga, llega hasta los destinos del entendimiento. De la sabiduría. Alcanza los estados plenos del amor sin límites y de la alegría universal. Asume una causa y sé leal a ella. Verás entonces cómo tus batallas te conducen hacia la victoria de la vida. Aplica una dosis de TERNURA en cada intercambio que realices a diario con las personas con las cuales compartes tu vida. En el hogar, en la calle, en el trabajo, en cualquier lugar. Todos los seres humanos merecemos alimentarnos en las fuentes de la TERNURA para que su elíxir sanador ayude a restaurar aquello que se ha derrumbado y que requiere ser levantado de nuevo. Para fortalecer lo que nos ofrece seguridad auténtica, sustentada en los principios y valores que respetan la vida y honran la lealtad y el servicio auténtico por nuestros hermanos de jornada.
Todo lo demás quedará atrás y tu existencia se llenará de sentido. Un sentimiento de gratitud te invadirá, pero no te faltará el aire, al contrario, sentirás una paz que desbordará tu entendimiento. Comprenderás que a pesar de que te alejes de todo, nunca estarás ausente y te acercarás al sol. Lograrás curar las penas con tan solo un abrazo. Serás como un manantial para los corazones afligidos. Podrás calmar la sed de muchos. Retornarás al hogar invisible que te dieron tus padres con los lazos de amor y TERNURA que te han brindado, y descubrirás que tu patria interior es el mejor refugio para la amistad. Entonces, entrarás en sintonía con Dios y en armonía con el cosmos. Recuerdo en la retina del alma a JOHN KAZEBIV[1], imagina que todo el mundo fuese algo más tierno, algo más amable, algo más cariñoso. Con ese pequeño esfuerzo cambiaríamos el mundo de un día para otro.
Texto de RICARDO GIRALDO
[1] John Katzenbach (23 de junio de 1950, Princeton, New Jersey) es un escritor estadounidense de ficción popular. Hijo de Nicholas Katzenbach, ex Fiscal General de los Estados Unidos, Katzenbach trabajó como reportero judicial penal para el Miami Herald y el Miami News. Es escritor destacado de la revista Tropic del Herald.

