Muy a menudo amamos las cosas y usamos a las personas, cuando deberíamos estar
usando las cosas y amando a las personas.
ABRAHAM LINCOLN
Para apreciar la belleza de la vida y de las cosas que la conforman, sean alegres o dolorosas, es necesario detenerse para contemplar. Para admirar. Para descubrir. Para explorar.
En cada pequeño detalle que compone y articula el cosmos, existe una razón de ser. Una conexión con nuestra esencia. Con DIOS. Con su ARQUITECTURA DIVINA.
Los procesos de constancia implican una DISCIPLINA feroz. Capaz de vencer el amplio menú que nos ofrece la tecnología, y al cual nos han acostumbrado durante estos recientes lustros las sociedades de consumo y la rapidez del mundo contemporáneo.
La prisa de la vida diaria y el agobio de la avalancha de información que circula a través de la virtualidad no nos permiten detenernos para reflexionar. Pasamos los detalles por alto. Nos perdemos los satoris de la vida que nos revelan la grandiosidad de la misma. Como decía ALBERT EINSTEIN, entre las dificultades se esconde la oportunidad. Como todo se ha tornado facilista, difícilmente encontramos esas oportunidades que son las que nos permiten trascender nuestra dimensión humana.
Por esta razón, hoy quiero brevemente asomarme por la ventana de la DISCIPLINA, que no es otra cosa que el hábito que cada persona genera y provoca con base en el compromiso y el autocontrol, incorporando el valor agregado del comportamiento y de la personalidad que cada uno de nosotros posee.
Un deportista no alcanza sus marcas imbatibles jugando videos, ni distrayendo su concentración con toda la variedad de placeres digitales que nos rodean. Cada gota de sudor construye un mecanismo de repeticiones que van instalando los rieles por los cuales avanzará hacia el éxito de sus aspiraciones, y la continuidad pondrá el sello de la victoria en el momento crucial.
Es por esta razón que, en cualquiera de nuestros desempeños, bien sea en el ámbito personal, en el profesional, en el familiar, en el de la amistad o en la vida de pareja, cada ser humano establece un valor que implica un proceso de fortalecimiento diario y de renovación constante: la DISCIPLINA. Cualquiera que logre entregarse a los lineamientos contenidos en ella, será capaz de cumplir con sus obligaciones, más allá de lo esperado, logrando alcanzar la cima de sus anhelos con su trabajo y todo lo que ha empeñado en su palabra. Quien es disciplinado da valor al tiempo, establece horarios y un orden en todos los procesos que adelanta y compromete. Establece metas. Lo primero en la lista de tareas de una persona disciplinada es saber qué es lo que quiere lograr. Si no tiene claro ese horizonte, nunca podrá abrir el camino ni diseñar la carta de navegación para avanzar por los senderos y los mares de la vida que le permitan alcanzar esas metas, objetivos y anhelos.
Tenemos un gran desafío en este proceso de ser constantes, consistentes y continuos. Se trata de separar el marco limitado de nuestra mente física para abrirnos a la mente universal, la cual trabaja en asocio con nuestro espíritu inmortal.
Cruzar ese puente. Comprender esa frontera, torna nuestro entendimiento lúcido. Nos conecta con nuestra verdadera esencia. Nos permite pasar de las metas a los logros.
El siguiente punto en nuestra lista de tareas incluye la identificación de los cambios que queremos hacer en nuestra vida personal y/o profesional. Implica tener una motivación o propender por ella para que se activen nuestras capacidades y aptitudes de forma paralela. Como los dos rieles que servirán para mover ese tren de oportunidad hacia su destino exitoso. Una tarea que debemos marcar con destaque en esa lista es evitar al máximo procrastinar, es decir, aplazar, posponer o dejar para mañana lo que puedes y debes hacer hoy.
La DISCIPLINA debe llevarnos por un sendero de cotidianidad que aprendamos a amar, no por rutinas repetitivas y aburridas. Por eso es esencial utilizar mecanismos creativos, generar retos y metas y ajustarlos constantemente. Nos debemos premiar. Darnos gusto y celebrar la vida. Algunos consideran la DISCIPLINA como un castigo, y al hacerlo, ya empezaron mal el ejercicio.
Hoy más que ayer y, seguramente menos que mañana, he alcanzado la cima de nuevas montañas en la cordillera de mi existencia. Lo importante es comprender que hay dos días durante los cuales no puedes hacer nada: ayer, y mañana. Solo tienes hoy para vivir. Para ser constante. Para darle consistencia a tus actividades. Para no renunciar a la continuidad de tus metas, de tus sueños. De tus anhelos.
Como las estalagmitas y las estalactitas se forjaron a lo largo de generaciones, así mismo, tu conocimiento, experiencia y determinación tomarán largos períodos de entrenamiento, de persistencia y de perseverancia para alcanzar la cima de la sabiduría. En la medida en que renuncias a esa DISCIPLINA, regresas al punto de partida y reinicias el viaje. Muchos pierden su existencia terrenal persiguiendo lo efímero. Atándose lastres y anclando su barco hasta encallar.
Si cada vez que calientas el motor de tu corazón te detienes en el frío de las estaciones invernales, el agua que lo mueve se estancará, y en cambio de ascender como el vapor para retornar como la lluvia que moje tu entendimiento y dé vida al bosque interior que llevas dentro, congelarás tu maquinaria física, y tu espíritu solo verá un paisaje desolado, y sin colores. Te perderás el concierto de la vida y apagarás la llama de tus aspiraciones.
Recuerda seguir un hábito que te ayudará a consolidar tu DISCIPLINA. Lo enseñó MAHATMA GANDHI: el silencio es parte de la disciplina espiritual del seguidor de la verdad. No permitas que el ruido de las ciudades, y de las personas mediocres afecte tu concierto interior, solo así te unirás a la sinfonía del universo y resonarás cerca de DIOS.
Texto de RICARDO GIRALDO

