El diálogo es más que un acuerdo: es un acorde.
OCTAVIO PAZ
Se afirma que el diálogo es la capacidad para aprender del otro y viceversa. Considero que sí, porque a través de este nos conectamos de una forma espléndida en la cual, los flujos de información transitan de forma armónica.
Se dice que el diálogo consiste en una conversación entre dos o más personas denominadas interlocutores… que intercambian opiniones, pensamientos… Se caracteriza por frases cortas y sin complejidad.
Yo considero que a través del diálogo nos insertamos en el tejido universal. Abordamos el barco de la comprensión que nos permite iniciar viajes fantásticos a través del intercambio de pensamientos, ideas y posturas. Es la llave que enciende el motor de la capacidad para escuchar a nuestro interlocutor. Por eso Paulo Freire afirmó que el diálogo no impone, no manipula, no domestica, no esloganiza.
El diálogo puede ocurrir en la calle. En una oficina. En una cafetería. En un salón. En la cima de una montaña o bajo la superficie. En lo profundo del bosque. En un tren o un avión. Durante una comida, o como dice la canción, en un rincón del alma. Usualmente surge de manera espontánea y se convierte en un ejercicio de saberes que nos acerca a nuestros interlocutores.
Cuando el diálogo se produce en familia, alrededor de la mesa mientras compartimos una jornada con nuestros seres amados, el universo conspira y un poder interior permite que emane un amor sin límites a nuestro alrededor, el cual aporta una atmósfera única e irrepetible y cada momento se graba en la retina del alma para siempre.
En fin, el concepto posee diversas definiciones aplicadas, dependiendo del contexto, el lenguaje, la situación. Sin embargo, no toma sentido sin la presencia del ser humano. Por eso adquiere un estatus de grandiosidad, porque nos conecta con la esencia que nos une y que compartimos con todos nuestros hermanos de jornada cósmica.
El diálogo nos ayuda a evitar largas jornadas por el territorio de las discusiones, y nos conduce, en cambio, a través de este, hacia las cumbres de la comprensión y del entendimiento. En mi caso particular, sucumbo ante el encuentro con las diferencias y me embarco en la pasión por el respeto.
Dejo que mi corazón me ilumine para tornarme en un aprendiz, capaz de recoger las singulares enseñanzas en las múltiples lecciones de los encuentros y las despedidas, luego de esas jornadas de diálogos épicos durante los cuales somos nosotros mismos. En que imaginamos y soñamos. En que aprendemos y también enseñamos, intercambiando nuestras experiencias y conocimientos de forma generosa e ilimitada.
El diálogo se convierte en una práctica para dar y recibir, pero a la vez, de crecer mutuamente, entre dos o más, aportando valor agregado al mundo y al universo.
El diálogo son las manos que saludan y los abrazos que dejamos impresos en el corazón de quienes amamos cuando partimos. Es una lámpara que se enciende en nuestro santuario, para buscar el retorno que nos permite compartir la patria interior y el hogar que construimos con delicadeza en el alma. Es quizás, un sentimiento sutil que emerge, fabricando relaciones con todos los demás.
El diálogo se convierte en una oportunidad para intercambiar nuestro intelecto. En el instinto espiritual y la capacidad de levantarnos por encima de los estereotipos del razonamiento de las sociedades, y de las diferentes culturas que se encuentran presentes en cada rincón del planeta.
Dialogar empuja el caudal de la gratitud por todo lo que recibimos. En particular, por la vida. Por cada instante que se nos concede, y por tantos milagros que nos ocurren, muchas veces sin darnos cuenta, porque hemos perdido la capacidad de asombrarnos con lo maravilloso. Con lo elemental. Con la simplicidad de lo esencial y lo auténtico.
A través del diálogo tenemos el poder de ejercer el respeto, y de comprender, aunque no estemos de acuerdo, los postulados de la contraparte. Nos convertimos en sembradores de paz. En faros de luz para guiar y ser guiados también por otros hacia nuevos puertos y horizontes.
Si le ofrecemos la oportunidad a quienes están frente a nosotros de ser escuchados y abrimos nuestro entendimiento para amar sin límites, estamos sembrado lámparas de esperanza capaces de curar, transformar y sanar una multitud. Una sociedad. Nos tornamos en guerreros de luz y podemos servir sin fronteras.
He aprendido, al pasar de tantas lunas, que una palabra mal utilizada, una acción no reflexionada con anterioridad y en muchas ocasiones, el simple hecho de no brindarle al interlocutor la posibilidad de ser escuchado antes de tomar resoluciones, puede trastornar el destino de las circunstancias y alterar el cauce del río que conecta las orillas del entendimiento.
Es nuestro compromiso redescubrirnos diariamente. Solo tenemos este tiempo aquí y ahora. Basta con abrir nuestro corazón para ejercer nuestra capacidad de discernir y comprender. Sólo así podemos decidir y actuar con sabiduría. Recuerdo aquí a RALPH WALDO EMERSON cuando afirmó que la vida es un viaje, no un destino.
Deja atrás la seguridad transitoria de tu conocimiento, de tu experiencia y del poder que administras. Solo son eso, vestuarios y ambientación temporales. No permanecen. Un día partes y dejas el escenario vacío de tu presencia.
Tus acciones y obras se convierten en recordaciones. Es la forma de permanecer para siempre en el alma de quienes te aman, te conocen y con quienes compartes. No llegas a la vida de alguien por coincidencia. Tampoco otros a la tuya por casualidad. Cuando comprendes la dimensión de esos encuentros, permites que la conectividad del diálogo se active, llevándote por senderos de bondad. De generosidad.
Tus hermanos de jornada te esperan para constituir un ejército de esperanza. La humanidad grita en silencio para recibir un destello de luz y un montón de bienestar en todos los rincones. Los cuatro puntos cardinales del planeta claman por tu ayuda para ejercer el diálogo a través de los encuentros y de los retornos, celebrando en cada uno, la vida. No te detengas en la vanidad de tu seguridad material. Entrégate a la fuerza que hila el universo. Utiliza tu poder interior para dibujar un mundo mejor.
No pretendo despojar a nadie de nada, al contrario, quiero compartirle a cada uno, todo lo bueno que llevo interiormente. Dejar mensajes de reflexión a través del diálogo, entretejido con el amor y la dedicación, que nos proporcionan una verdadera identidad cósmica y un sentimiento de hermandad. Anhelo construir nuevos espacios de oportunidad. De bienestar.
Que cada instante compartido. Cada encuentro o desencuentro. Cada sonrisa. Cada acierto o desacierto, sean tan solo momentos para recoger experiencias, aprendizajes, y el legado que nos deja este breve tránsito por esta vida, enmarcado en el respeto por las diferencias. Por las orillas separadas que nos unen como al río que recorre el mismo cauce hasta alcanzar el océano donde nos renovamos, ascendiendo como el vapor para retornar como la lluvia. Nuestra familia, amigos, los más cercanos, la sociedad y la DIVINIDAD esperan eso de nosotros, para rescatar la belleza y ordenar el ruido, tornándolo en una sinfonía cósmica donde todos podamos concurrir al encuentro con la vida, al respeto por la diferencia y a la convivencia sin fronteras.
Texto de RICARDO GIRALDO
Foto: FAUXELS

